lunes, 4 de agosto de 2008

La observación: más allá de lo mirado

"La mirada da realidad a lo mirado"
O. Paz




En la cultura occidental, y en gran parte de las sociedades actuales, parece claro y evidente, que el sentido de la vista y más allá la cultura visual, impregnan las relaciones humanas. Incluso, podríamos remontarnos muy atrás en el tiempo para darnos cuenta, cuan presente es, en nuestra historia, la idea1 de la vista, de la visión.
Supongo, que lo dicho anteriormente, seria suscrito por muchos, pero lo que ya es más peliagudo es preguntarnos sobre lo que vemos, sobre lo mirado, sobre lo observado y en definitiva sobre nuestra visión de las cosas o de los otros.
Para unos aquella zancadilla, en aquel partido decisivo, era fuera del área, para otros esta claro que era dentro del área; y que decir de la lectura variopinta de unos resultados electorales; ¿De cuantos tonos podemos colorear lo que esta fuera de nosotros, por no decir lo que esta dentro?.
Centrándonos en la pregunta sobre lo que vemos, y en contigüidad con ella lo que conocemos o podemos conocer, existe una larga tradición, que aún persiste hoy en día, de considerar que las ciencias humanas operan de modo absolutamente distinto de las ciencias naturales.
Es decir, que las ciencias naturales partirían de la base de que los objetos son capaces de estimular nuestros sentidos, de manera que podemos observarlos tal como ellos realmente son, independientemente de nuestras teorías previas, mientras que en las ciencias humanas se considera que nuestras formas de pensar y percibir siempre condicionan aquello que nosotros observamos.
Pero es que la creencia de que podemos observar la realidad tal como es, ha sido puesta en cuestión y desacreditada por los mismos trabajos científicos (en física quántica, en neurofisiología, etc.) así como por trabajos realizados en este sentido, por determinados científicos (Damasio, Kapra, etc) y también por sociólogos y filósofos de la ciencia (Popper, etc)
Vemos y percibimos los objetos tal como los percibimos, porque nosotros somos como somos, con nuestras experiencias previas y nuestras capacidades cognitivas y sensoriales.
La mirada y, más allá, la percepción ya son, en si mismas, una selección, una particular construcción e interpretación.
Investigar es observar, tanto en el ámbito de las ciencias naturales como en las ciencias sociales, y por tanto también la IM (investigación de mercados) es esencialmente observación (me refiero aquí a la observación como concepto general y lo que denominamos como metodologías de observación no deja de ser un aspecto particular de lo anterior).
No se me escapa que, actualmente en el ámbito de la IM, la observación esta de moda (particularmente las metodologías observacionales), como si de golpe se hubiera descubierto la “sopa de ajo”, pero la cuestión de fondo es que esta moda representa una visión de la observación como algo literal y fotográfico, fruto de un pensamiento lineal, lo cual no deja de contrastar con unos tiempos en los que lo virtual y lo intangible ganan terreno a pasos agigantados.
La observación pura e inmaculada no existe, es una invención y una justificación, más o menos consciente por parte de quienes la defienden, es aquella vieja pretensión de que los “hechos hablan por si mismos” o de que “la realidad nos dice”.
Es decir, supone un observador “neutral”, capaz de objetivar lo que esta fuera de él, pero que a mi entender, representa la opción por una visión de un positivismo trasnochado, que es útil a un imaginario de la inmediatez, de la velocidad, de lo efímero, de la negación de la demora de la gratificación, de la intolerancia de la duración, de la perdida de valor de la experiencia y de la confianza, etc. o dicho de otro modo como si solo pudiéramos confiar en un-Yo-que-solo-ve-y-confía-en-lo-que-le-entra-por-los-ojos-ahora, autoreferencial, hipervigilante y controlador.
Esta observación pura y neutral es una ficción, pues tanto en las actividades científicas como en la práctica de la vida cotidiana interpretamos los hechos a partir de nuestros pre-supuestos y teorías (Gadamer los llamo, provocativamente, “prejuicios”).
Presupuestos y teorías que, aun siendo subjetivos, no son arbitrarios, puesto que dependen de nuestros conocimientos y experiencias previas.
Todas nuestras observaciones son interpretaciones, de acuerdo con nuestro contexto personal y el contexto general en el que nos hallamos.
Karl Popper, el más destacado filósofo de la ciencia del s.XX, señalaba que nuestras representaciones de la realidad son mucho más complejas que aquello que podemos conocer por las sensaciones que provienen de la estimulación de nuestros órganos sensoriales, ya que lo que nosotros hacemos es darles un sentido a las sensaciones que nos son dadas.
El investigador se enfrenta a las estimulaciones sensoriales que recibe, o a datos observables, que su investigación, realizada según ciertas pautas prefijadas, le proporciona, y configura y da un sentido a estos datos, crea la realidad y las cosas, no arbitrariamente, sino según sus propias posibilidades y limitaciones, de acuerdo con toda su tradición cultural, con su experiencia, con su propio paradigma (o con el paradigma dominante en aquel momento en la disciplina de que se trata); paradigma por cierto al que no son ajenos intereses económicos, políticos, de poder, corporativistas, etc.
A modo de conclusión: Observar es interpretar, interpretar significa crear.

(1) Idea: Derivado del termino griego éidon “yo vi”, hermano del latín videre. Dic. Etimológico. J. Corominas


Marcel Cirera i Amadó

Mayo de 2008