miércoles, 4 de febrero de 2009

El “humo” de la Confianza

Por lo que hemos visto recientemente podríamos decir que, Barack (Hussein) Obama lleva inscrita, en sus identidades mestizas (africano por parte de padre e irlandés por parte de madre), la cultura de la diversidad, la ilusión y la esperanza, que millones de personas le depositan. Cuan dura será la carga, de proyecciones múltiples, que este hombre de aspecto escuálido y emocionado (frio dicen, ¿quizás lo comparen con los efluvios retóricos de Bush?) deberá soportar en sus negras espaldas.

A través de algunos medios nos enteramos que se le acusó de <<vender humo>> y mira por donde, Chicago, ciudad de la industria automovilística y de los gángsters (me refiero a la época de Capone), celebro su triunfo electoral extasiada, como si del humo de las pipas de los pieles rojas se tratara.

Este humo representa a mi entender, entre otras cosas, una señal y una promesa (como toda promesa corre el peligro de convertirse en una ower promise, pero este ya es otro tema) de confianza y de otros valores (“we can; we need”) radicalmente distintos de los fundamentalismos de todo tipo imperantes en los últimos tiempos.

Cierto es, que quienes lo des-calificaron, como <<vendedor de humo>>, querían señalar lo intangible y abstracto de su discurso, y así les fue, porque ya es hora de darse cuenta de que las personas aprendimos que junto a la leche tibia del pecho de nuestra madre manaban afectos, identidad, confianza pues así se representa mentalmente en nuestro cerebro este proceso senso-perceptivo alimentario.

Según estudios recientes en el ámbito de las neurociencias, la cooperación con el Otro y el confiar son fuentes de placer y excitan intensamente determinadas áreas cerebrales (el núcleo caudado, el cuerpo estriado, etc.), produciéndose también la liberación hormonal de cantidades significativas de oxitocina cuando se estrechan los vínculos sociales, que por cierto tiene su pico en el vinculo madre-bebé durante el periodo de amamantamiento.

Este “humo” emparentado con la confianza, metáfora rica, es cada vez más necesario.

Confianza, que según el Dic. de la R.A.E., es la esperanza firme que se tiene de una persona o cosa; deriva del latín confidere, de cum (“con-“, prefijo latino: “junto”) y fidere (“fiar”); es interesante ver que se remonta a una raíz indoeuropea bheidh (“fiarse”, “persuadir”) común a fides (“fe”), ligada a dos valores fundamentales: el compromiso y el asentimiento.

Y es que en la base de las relaciones y el vinculo con el Otro reside la empatía, en cuyo buen manejo esta de raíz el haber construido una buena “confianza básica”, de la que hablaba Winnicott.

El otro día leía en la revista Anuncios: <<…Y no sé ustedes, pero yo necesito que alguien (persona, institución, medio de comunicación o marca) me ayude a desdramatizar las consecuencias de la crisis, o al menos a relativizarlas. Como consumidor, echo de menos una marca que me diga: <¿Que es cierto que el sistema se hunde> Pues mira, a lo mejor no es tan catastrófico como nos lo pintan>> (, Víctor Gil).

Por otra parte, en un estudio reciente en el que he participado, sobre las “Actitudes y conductas del comprador en el contexto actual”, no por casualidad, una conocida enseña de la distribución aparecía con una muy buena valoración puesto que se le atribuía, entre sus valores de marca asociados, un compromiso de RSC (Responsabilidad Social Corporativa), lo cual se traducía en una notoria confianza hacia la misma. Asimismo, entre otras acciones, se demandaba de fabricantes y distribuidores políticas de compromiso, compresión y ayuda, en el sentido de alguien en quien poder confiar. Un rol que en otro momento desempeñaban las grandes instituciones sociales, hoy afectadas por una seria crisis de credibilidad.

El reclamo de confianza, explicito o implícito, aparece hoy por doquier. De ella hablan los bancos, las marcas, los productos alimentarios, los productos de consumo en general y se apela a la misma desde las más diversas facetas de las relaciones humanas, probablemente porque es un valor escaso en el presente y no digamos respecto a un futuro plagado de incertidumbres.

Tántalo (dilema muy actual) reto a los dioses, poniendo a prueba su omnisciencia, y cuando estos se dieron cuenta fue castigado a estar en el centro de un lago, en el que cuando intentaba beber el agua desaparecía; por encima de él colgaban abundantes frutos, pero cuando intentaba cogerlos huían. A Tántalo quizás le hubiera convenido dejarse envolver por aquel “humo” de la confianza y así no ser castigado a la continua y repetida frustración del deseo.

Y es que la confianza, en toda su profundidad, es algo de lo que, social e individualmente, estamos necesitados en esta “sociedad de la decepción”, como la califica Lipovetsky.



Marcel Cirera i Amadó
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Noviembre de 2008