miércoles, 11 de marzo de 2009

“El ojo de payes”


Todos, o casi todos, los ojos tienen unas estructuras anatomo –fisiológicas más o menos similares, pero no ven lo mismo, pues tampoco un mismo objeto es mirado de igual forma por diferentes miradas (ya decía O. Paz “la mirada da realidad a lo mirado”).


Ciegos los hay de diferentes tipos, el más ciego de todos es el que solo puede (o quiere) mirar aquello que supone tiene delante de sus globos oculares.


En un presente como el actual, en el que la mirada y lo visual es cada vez más, y más, relevante, me pareció sugerente y atractivo el discurso de unos técnicos agrícolas cuando hablaban de su rol y de su quehacer respecto a lo que se denomina como agricultura de precisión.


Con un verdadero arsenal tecnológico (Analítica Foliar, Electrometría, Sondas de Capacitancia, Teledetección, etc.), cada vez más sofisticado, estos profesionales de la moderna agricultura deben de realizar sus complejos diagnósticos sobre el bienestar de sus plantaciones, evitar plagas o enfermedades, para asegurar la productividad y la eficiencia de la producción agrícola; pero en ultimo termino, y a pesar de todo aquel arsenal tecnológico, el diagnostico se realiza a partir de lo que ellos perciben, entienden o interpretan sobre el terreno. Valoran en grado sumo lo que denominan como “ojo de payes”, pues como decía uno de ellos “…la planta no habla como el enfermo, te habla cuando está medio muerta…”.


Bonito tropo (metonímico-metafórico) lexicalizado, que ilustra la vivencia de su rol, el núcleo de su identidad profesional y reconocimiento social, y que nos habla de lo que ellos definen como su tarea básica, “la interpretación”.

Este proceso interpretativo puede ser ayudado, incluso me atrevería a decir que reforzado, pero no sustituido por todo la tecnología actualmente disponible.


“Ojo de payes”: ojo — mirada — experiencia interpretativa. La interpretación como ámbito subjetivo, aunque no aleatorio, que está en relación al aprendizaje por la experiencia.


Lo queramos o no, lo creamos o no, el “Ojo de payes” es condición necesaria para el “ojo del investigador”, pero no suficiente. Veamos porque.


Lo que parece muy claro a los ojos de dichos técnicos agrícolas, en base a su experiencia, todavía no lo es en muchos otros ámbitos profesionales y sociales, donde el acto o proceso interpretativo es considerado como poco científico, etéreo, poco riguroso (sobretodo frente al numero) o cuanto menos, tratado como una simple mirada plana y ciega, obviando que, incluso ésta, también es un acto interpretativo, se quiera o no.


La mirada de un microorganismo a través del microscopio, experimentar con la doble hélice del DNA, la mirada telescópica de una constelación, o la mirada literal, supuestamente descriptiva, objetivista, de un hecho social, también son un determinado tipo de interpretación (“No hay hechos, sino únicamente interpretaciones”. Nietzsche).


El “ojo de payes”, una actividad científica, en el sentido más amplio de la palabra, como en la practica de nuestra cotidianidad tienen en común el proceder a través de un acto de observación y por tanto un acto de interpretación a partir de nuestros presupuestos, teorías y experiencias previas en un contexto determinado, en el sentido de que toda observación, todo conocimiento sobre el mundo, es una construcción del observador y no una representación directa de la realidad como tal (véase, R. Rorty), pues nuestras representaciones de la realidad son mucho más complejas que aquello que podemos conocer por las sensaciones, ya que lo que nosotros hacemos es dar sentido a estas (véase, K. Popper y Kuhn).


Lo mismo podríamos decir, respecto de este factor común, del “ojo del investigador” en el ámbito de las ciencias humanas, y en concreto la mirada del investigador de relaciones de objeto (dicho también motivacional o cualitativo), pero a su vez entre explicar la naturaleza y comprender las relaciones humanas hay una diferencia clave: el objeto de estudio es el ser humano y sus relaciones en un contexto determinado.


Así que, ahí esta la cuestión, cuando nos disponemos a entender un producto o servicio, mejor dicho la relación sujeto-objeto (y por ende las conductas de consumo o compra) estamos realizando un proceso interpretativo a través de nuestras capacidades cognitivas guiadas y orientadas por las emociones, que los sujetos (consumidores) y sus relaciones con el objeto despiertan en nosotros, y por nuestra empatía.

Por tanto, para el “ojo del investigador” es condición de la interpretación el como vivimos y (re-)sentimos la relación sujeto-objeto.



Marcel Cirera
Director

METAFORO
Recerca qualitativa
i Estratégia
Febrero 2009