martes, 14 de diciembre de 2010

Neurociencias y comunicación: algunas conexiones



Los continuos avances, desde la década de los ’90 hasta hoy, en el estudio y conocimiento de los procesos y funcionalismos cerebrales, de los diferentes ámbitos de las neurociencias, contribuyen no solo a los saberes específicos sobre las diversas áreas del cerebro, su funcionamiento e interrelación, o las dinámicas input-output, sino que abren o posibilitan conexiones e interrogantes más allá de las propias disciplinas.

Interrogantes y búsquedas sobre el sentido de la memoria, la consciencia o la emergencia de lo mental.

Abren y actualizan pensamientos o visiones que, hasta no hace mucho, eran del dominio de la filosofía, psicología, epistemología, etc., no tanto, a mi modo de ver, para confirmarlos o desmentirlos, sino para enriquecerse mutuamente, redefiniendo ciertos limites de los conocimientos adquiridos, tanto por parte de la ciencia positivista clásica como por parte de determinadas concepciones filosóficas.

Por ejemplo, la unidad cerebro-cuerpo, ampliamente estudiada por A. Damasio y otros, o la insuficiencia de las visiones lineales frente a la complejidad de los sistemas (biológicos, humanos, etc.) defendida por Varela, Maturana, etc.

Otro ámbito de conexión relevante es el que se da en el estudio de los comportamientos, de las representaciones mentales de los sujetos y de los sistemas senso-perceptivos.

En este sentido, el descubrimiento, ampliamente divulgado, de las “neuronas espejo” ilustra estas conexiones. Se ha dicho que la mejor manera de explicar como trabajan dichas neuronas es con la frase “el simio ve, el simio hace”. Es decir, cuando realizamos una acción las neuronas del córtex motor están excitadas, si otro esta mirando la acción pasivamente, las neuronas correspondientes (“neuronas espejo”, cara externa de los lóbulos frontales) al tipo de movimiento, se encuentran también en estado de excitación, con lo que reflejan como un espejo lo que uno observa del otro, realizando el mismo movimiento virtualmente, en la “imaginación”.

Ello pone de relieve la concomitancia y convergencia de este funcionalismo neural con el mecanismo de la identificación proyectiva, concepto clave en la comunicación humana, que hasta ahora solo se sustentaba en la experiencia e impresión subjetiva de psicoanalistas y algunos investigadores sociales.

Recientemente, según informa la Universidad de Duke en un comunicado, un equipo de neurocientíficos de dicha universidad ha constatado y desarrollado un nuevo modelo de explicación del proceso de cognición visual.
El nuevo descubrimiento muestra que las neuronas de la corteza visual del cerebro desarrollan continuas predicciones acerca de lo que percibirán y corrigen suposiciones erróneas a medida que captamos información visual. Según los investigadores de Duke, este descubrimiento pondría en cuestión explicación tradicional del proceso cerebral de la visión.

New fMRI data show that vision is more complex than scientists previously thought. Tobias Egner, Duke University.

Entiendo que lo que aquí se plantea es también de suma importancia respecto a la comunicación, en sus distintas variantes. En concreto, respecto de los procesos de inferencia e intuición versus la comunicación entendida como un proceso de decodificación.

Así pues, la idea de que inferimos aquello que el otro tiene intención de comunicarnos, más allá de la simple decodificación de los signos físicos o verbales (semánticos), estaría en una línea de similitud respecto al hallazgo de una función predictora en el proceso neural de la visión.

Y también, estas predicciones desarrolladas por dichas neuronas, ponen de relieve, a mi modo de ver, la trascendencia de las representaciones mentales y en consecuencia la importancia de los presupuestos en la interpretación de la realidad.

Ante un input determinado, lo que hacemos es dar sentido y configuración a las sensaciones, es decir, que nuestras representaciones de la realidad son mucho más complejas que aquello que podemos conocer por las sensaciones, que provienen de la estimulación de nuestros órganos sensoriales.

De aquí que incluso la simple observación, del tipo que sea, (etnográfica, grupal, etc.) esta cargada de “teoría” o presupuestos.

Todas nuestras observaciones son interpretaciones, pues son construcciones del observador y no una representación directa de la realidad como tal. De hecho es algo ya sabido, aunque actualmente, en muchos casos, se plantee la observación como un simple (ingenuo) mirar.
Interesante hallazgo el de los investigadores de la Duke University que permite relacionar y conectar con planteamientos formulados, hace ya cierto tiempo, por científicos sociales, filósofos, etc. como Gadamer, Popper, Rorty, etc.

Quizá la incertidumbre y desorientación de los tiempos actuales conllevan a confrontarnos crudamente con la complejidad, la reflexión, la relativización de las creencias y los interrogantes sin respuestas seguras.

Marcel Cirera
13/12/2010