lunes, 18 de julio de 2011

Aprendiendo de la experiencia


La investigación social desde su generación, sus procesos y enfoques, ha estado vinculada desde siempre a las dinámicas sociales. Y ello lo podemos ver desde dos ópticas, la empírica y la de los sujetos investigadores.

Las experiencias en investigación social (y también en la investigación de mercado, como investigación social que es) van íntimamente ligadas al momento histórico, social, cultural y político, en el que se desarrollan y en parte son deudoras de estos y de los concepciones epistemológicas existentes en los momentos respectivos ( así por ejemplo el nacimiento y desarrollo de la investigación motivacional –Dichter, etc.- se da en marco en el que se empieza a desarrollar la denominada sociedad de consumo)

Por otra parte los investigadores, en tanto que agentes sociales intervinientes en el proceso, son arte y parte de dichas dinámicas sociales, sea desde las visiones que sean y tengan la relación que tengan con el poder y lo dominante de su contexto (por ej. los sociólogos positivistas vs. la sociología critica -Escuela de Frankfurt-, etc.).

Alrededor de los años ’60, en la época del desarrollismo franquista (cuando en las escuelas se repartía leche en polvo, cuando apareció el 600,...) surge en España la investigación cualitativa aplicada al estudio de los consumos y se constituyen las primeras empresas (ECO, GEA, ALEF), de la mano de unos núcleos críticos -“rojos”, ¡casi una paradoja!- frente al saber oficial dominante, articulando unos conocimientos y practicas para entender y accionar en lo social.

En Madrid destaca J.Ibáñez (en Agosto se cumplen 19 años de su muerte y 32 de la primera edición de su emblemático libro “Más allá de la sociología”) que junto a F. Pereña, A. Orti y otros crean el “Grupo de discusión” (poco que ver, en su fundamentación, con los “Focus group” anglosajones). En Barcelona destaca, en aquellos momentos, en el ámbito del estudio de la psicología de los consumos, desde una óptica motivacional, J. Llusá y Mª. Rosa Prats (GEA).

Estas dos corrientes, fundadoras del cualitativo en España, con aproximaciones y enfoques diversos en su concepción y experiencias, tienen en común, entre otros aspectos, el compromiso y el rigor como agentes sociales en tiempos prosaicos.

Con el paso de los años la investigación (me refiero en concreto a la cualitativa de los comportamientos de consumo) tuvo un notable desarrollo en los más diversos ámbitos de los mercados (también, progresivamente en el mundo académico).

Pero, junto a esta creciente normalización de sus usos va apareciendo y se instala una debilidad de fondo, una renuncia y oquedad del pensamiento del “vinculo social” y de la reflexión teórica (epistemológica y metodológica), en aras de un pragmatismo y eficientismo, notorio desde hace ya algunos años como reflejo sistémico y fractal de unas dinámicas sociales y culturales globales.

Podemos ver evidencias de ello, por lo general, en las practicas investigadoras (descripción y literalidad en lugar de análisis; etc.), en unas relaciones perversas investigador-cliente (el “plegarse” a la demanda, que no tiene nada que ver con la empatia; la perdida de autoridad y del rol; etc.), el dominio de ciertas practicas de las multinacionales del sector justificados como “negocio”, junto al hecho de que muchos jóvenes investigadores se hayan formado más en el manejo de habilidades mecánicas, repetitivas y estereotipadas que en el análisis, como heurística y hermenéutica, en la escucha y en “saber- lo-que-hace” (pues como decía J. Ibáñez, la practica de un investigador cualitativo comporta la reflexión sobre su practica).

En los tiempos actuales de incertidumbre parece como si la ansiedad del entorno y ante el futuro forzara a muchos a volver a su individualidad, en la que el horizonte máximo sería la “clonificación” de la sociedad, el cinismo (tipo Berlusconi, etc.) y la prevalencia de unos vínculos sociales fragmentados.

Pero, en medio de esta incertidumbre también existe un debate, desde hace un cierto tiempo, sobre las nuevas subjetividades (en nuestro sector “sobre los nuevos consumidores”) y la complejidad de lo social, que a mi entender se ha expresado, en parte, desde Túnez a Siria, pasando por los “Indignados” de nuestras ciudades, que muestran desde necesidades urgentes hasta nuevas formas de grupalidad y de vinculo social (desde las plazas y asambleas hasta Twiter y Facebook), quizás algunas todavía incipientes.

Las nuevas realidades psíquicas de los vínculos intersubjetivos y sus fronteras con lo individual ponen más de relieve, si cabe, repensar lo grupal.

Volver a pensar los sentidos de lo grupal y de las grupalidades emergentes nos permite reconsiderar el Grupo (en sus variadas expresiones y aplicaciones: face to face, on line, etc.) como instrumento imprescindible de un potencial conocimiento transformador tanto en la investigación como en la innovación social

Estas dinámicas sociales son una buena metáfora para repensar nuestros presupuestos, marcos mentales y practicas como investigadores, y agentes que somos, de lo social.

Es decir, aprovechando los recursos disponibles (TIC, etc.) tenemos el reto de poder salir de el desierto estéril y literal dominante en el sector, en el bien entendido que la necesaria reflexión sobre nuestro saber y nuestras practicas, aprendiendo de la experiencia, debe comprometernos, de verdad, con la innovación social, tomando nuestra autoridad y autoria en nuestros diferentes roles (como ciudadanos, como profesionales, etc.), al menos, con el espíritu de aquellos pioneros, sin confundir ni confundirnos con las modas al uso, como agentes intervinientes en las dinámicas sociales y así empezar a vislumbrar algunas salidas del oscuro túnel de la incertidumbre, del miedo y la mediocridad en la que gran parte de la investigación transita.

Marcel Cirera

Julio 2011

Director

METAFORO
Action Research