martes, 28 de agosto de 2012

La "sagrada" Red y el "Otro": de Poncio Pilato a la vecina de Borja. (Temores a la carta II)


La sencilla representación del Ecce Homo en el Santuario de la Misericordia de Borja, un pequeño óleo sobre el muro y al parecer de escaso valor artístico, probablemente no figuraría en ninguna guía turística, ni tampoco la piadosa "restauración" de una anciana octogenaria tendría más eco que unas habladurías de un vecindario benevolente.

Parece obvio que la sorprendente difusión de dicha "restauración", urbi et orbi, en las altas tribunas mediáticas ( 'The Telegraph', 'Libération' i 'Le Monde', BBC...así como más de 160 países se interesados por el fenómeno mediático del Ecce Homo, etc.) y la permanencia de la noticia en todo tipo de medios, no existirían si no fuera porque se reconstruyó como una noticia grotesca a través de Internet.


De las redes sociales surgieron reproducciones varias, internautas a través de Twitter ( #eccemono, etc.) añadieron, a la pintura "restaurada", rostros de todo tipo, desde personajes de la prensa rosa (Paquirrin, la Duquesa de Alba, Belén Esteban, etc.) a políticos (Zapatero, Rajoy, etc.). Incluso se inició una recogida de firmas para que se conserve tal cual el Ecce Homo recreado.




Aparte de la posible arbitrariedad con la que puedan considerarse estos hechos, me parece complejo  vislumbrar con claridad los sentidos de su notoria difusión, visibilidad y capacidad de incidencia en la Red.

En todo caso sí se me ocurren algunas hipótesis y asociaciones, más o menos próximas, sobre el fenómeno, que dicho sea de paso, con toda su banalidad, o quizás también por ello, en poco se distingue de otras y diversas banalidades y mediocridades risibles encumbradas en la misma Red y en los medios- acomplejados por la potencia de la misma.

Con todo el dramatismo de lo sucedido en aquellas épocas, o de lo narrado (Evangelio de Juan, 19:5), parce que la actitud de Pilato podía transmitir cierta ridiculización hacia el poder que se arrogaba Jesús. En este sentido entiendo que la caricaturesca noticia de Borja y los sucesos acompañantes, también representa una cierta ridiculización, y consecuente diversión, no solo del hecho en si, sino también de los personajes "sagrados" que han ido apareciendo en las reproducciones de la Red.

Pero a la vez que se  ridiculizan los viejos y "nuevos sagrados" también se muestran los marcos mentales que guían y encuadran la ridiculización.

¿Que seria de las estrellas de la comunicación sin la rutinaria frustración de la inmensa mayoría?, se pregunta acertadamente I. Castro Rey, (2007)[1] y es que el ansia de singularización en nuestra cultura de consumo, en la Red  y fuera de ella, la posibilidad de ser por un instante casi una figura publica, al menos en lo imaginario, (que es sino la peregrinación para fotografiar/se junto al Ecce Homo de Borja) "promete apartarnos (este es el sentido etimológico de la palabra "diversión" ) de una vida elemental, de la simplicidad que configura el demonio de la época" (Op. cit.).

Por otra parte, también el contexto de malestar que vivimos hoy, en muchos casos trágico, favorece la farsa, es decir, el miedo es menos miedo si lo hacemos risible.

Este malestar, los terrores y temores que supuran por doquier en nuestra  sociedad liquida son parte del fundamento de la seguridad que nos "ofrece" el sistema, al permitirnos contemplar desde lejos barbaries ajenas y guerras televisadas convirtiendo el horror y el miedo, en algo que se puede exorcizar y en parte de la cultura de entretenimiento (zombis, vampiros, etc.).

La respuesta inmediata y defensiva ante los malestares que vivimos es la gran necesidad de encontrar enemigos exteriores o simplemente chivos expiatorios (desde "islamistas incontrolados", "bárbaros" que acechan en pateras, hasta la piadosa vecina de Borja), y poner fuera, expulsar, excretar y proyectar sobre el "Otro" nuestras propias limitaciones, errores, incertidumbres, etc. A lo mismo se refería J. Attali a propósito del éxito del film "Titanic", es decir, la idea de que la confortable vida en el Titanic (identificación metáfora con nuestra sociedad) fue victima de un "suceso externo", un iceberg, alejando y evitando así la incompetencia de sus promotores.

Todos tenemos nuestro iceberg, la cuestión es como nos manejamos ante él (dicho sea de paso, la imagen del iceberg se utiliza también para mostrar la relación consciente/inconsciente).

La ridiculización que pulula sobre el Ecce Homo de Borja probablemente también tenga que ver con aquella necesidad, o así me lo parece, que en este caso se vehicula a través de la mofa, la burla y el cachondeo de lo banal y mediocre de unas reconstrucciones de aparente sabor profano.

El medio es el mensaje y sus mensajes, y así la Red lo ha hecho posible acompañada de la interesada divulgación de los otros grandes medios.

La Red es un sistema social complejo preñado de relaciones que nos atrapan, conectan y reconfortan cuyo emergente es una subjetividad colectiva que nos identifica, eso si, de forma parcial y efímera, desde nuestra subjetividad individual.

Quizás un azar, casi ignoto, haya puesto en solfa un concierto de motivaciones - algunas de las cuales creo haber referido- para dar lugar a esta coreografía picara, descarada, sonriente e ingeniosa, en el marco incomparable de la "sagrada" Red, desvelando vergüenzas ajenas y propias, ocultas o negadas, bajo una "reputada" noticia y bajo el ansia de aparecer en la escena aun que sea a costa de ridiculizar al "Otro". 

Este "Otro" ridiculizado me hace pensar en lo que R. Davies[2] pone en boca del daimon Maimas: "...el Loco seria el recordatorio sempiterno del primitivismo inadmisible que coexiste en la vida con la más refinada educación, el compromiso vitalicio con la compasión, la señal de que todo ser humano está siempre a un paso del desorden y la abyección, el consejero imperecedero de extraer siempre lo mejor de cuanto la fortuna le procure."

Así, ante tal supuesta arbitrariedad azarosa, nos queda nuestra capacidad de mentalización y simbolización, nuestra capacidad de procesar cognitiva y afectivamente (con empatía y contención), verdaderos antídotos ante los malestares e incertidumbres de todo tipo.

Marcel Cirera                                                                      Agosto de 2012




[1] I. Castro Rey, Votos de riqueza. Ed. Mínimo Transito, 2007
[2] Robertson Davies, Lo que arraiga en el hueso. Ed. Libros del Asteroide, 2009