miércoles, 22 de agosto de 2012

Temores a la carta (I)



En la más habitual de las cotidianidades, sentado en mi sofá habitual y habiendo digerido las noticias televisivas habituales (la prima de riesgo, las matanzas en Siria...), sigo con "El Temps" (TV3), en el que un no menos habitual y conocido hombre del tiempo, al referirse a olas de calor, sol y playa, etc. se expresa verbalmente utilizando términos como "alerta", "atención", y concluye diciendo ¿"hemos de sufrir por el tiempo"?...Pensé que su expresión facial se contraponía con el no.
En La Vanguardia (14/8/12) una noticia se titulaba "Ciudadano denuncia a ciudadano" con un subtitulo que decía: "La Generalitat alienta con varias iniciativas a que las personas delaten actitudes incívicas. Oposición y asociaciones denuncian una deriva ‘orwelliana'. El articulo empezaba como sigue: "Si una persona pone los pies en el asiento de los ferrocarriles, usted puede denunciarlo de forma anónima..."





Día más día menos, también habitual, otra noticia en los medios, "Ensenyament (el Departament de la Generalitat) crea un protocolo para regular el procedimiento que se sigue ante las sospechas de fraude en la matriculación escolar". En declaraciones a El matí de Catalunya Ràdio, el presidente de la FAPAC, Àlex Castillo, consideraba "que el nuevo protocolo lo que hace es abrir la sospecha a todos. Todos somos sospechosos y todos nos vemos en la obligación de investigar...estamos jugando a espías".
Y hablando de espías, leo otra noticia insertada en el mismo periódico: "TrapWire, el Gran Hermano global" donde se dice: "...el programa TrapWire utiliza las cámaras de seguridad, controladas por agentes, para desarrollar una descripción de las personas que se encuentren cerca de un potencial objetivo terrorista..." (La Vanguardia, 14/08/12).
Parece de lo más normal, que la lógica, también cotidiana, de las "cloacas" del poder global ensaye nuevos artilugios para el control, insuficiente e incesante, de la Granja global.


                                                       
En una reciente noticia sobre la ejemplar Alemania, publicada en El País (18/8/12), se destacaba: "El Constitucional (alemán) autoriza el despliegue militar, prohibido desde el nazismo, en el territorio nacional en caso de amenaza terrorista".
Podríamos extender "ad infinitum" la lista de ejemplos de posibles temores, amenazas y lógicas preventivas al uso (Ej. aumentaran los castigos legales a fumadores "incendiarios", ¿cabe mayor pena que no poder fumar en el Camp Nou?; se castiga la prostitución callejera en Barcelona; en Mercadona se descubren unos productos en mal estado; aumenta la presión de los mercados sobre la deuda española; la policía checa aborta un atentado de un admirador de Anders Breivik; una niña de 11años con síndrome de Down detenida por quemar el Corán en Pakistán, acusada de blasfemia, podría incluso ser condenada a la pena de muerte; las consecuencias de la catástrofe nuclear del Japón... etc., etc. etc.).
Vivimos una soledad acompañada de miedos, preocupaciones, ansiedades, inquietudes, terrores,...y, quizás también por esto, necesitemos los smartphones contrafóbicos habituales. Cuentan que la Nomofobia ("no-mobile-phone phobia".), el miedo irracional a salir de casa sin teléfono móvil, afecta al 53% de la población, según datos del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad de España.
Un fantasma recorre Europa... (Marx en el s.XIX, en su Manifiesto, se refería al comunismo), pero hoy el fantasma, y sus encarnaciones, que recorren Europa, el Mundo y nuestras cotidianidades más habituales en la sociedad liquida son los miedos (de diversa índole), los nuevos temores y amenazas de cada día.
El miedo es una respuesta emocional frente a la percepción de una amenaza, que también puede ser adaptativa o beneficiosa para nuestra supervivencia. Hay muchos tipos de miedos, unos tan antiguos como nuestra especie (el miedo a la oscuridad, a la soledad, etc.), miedos culturales que se expresan de forma transcultural o son específicos de ciertas culturas (comer cerdo para los musulmanes, los pecados de la carne para los católicos, el terrorismo, etc.) y miedos, digamos individuales, o relacionales, que se expresan en un individuo, más o menos traumáticos
Pero, sin duda, actualmente existen muchos miedos culturalmente condicionados en nuestra cotidianeidad, pequeños temores, incertidumbres, ansiedades, etc. (como los ejemplos relatados más arriba) que de forma más o menos sutil se encarnan en nosotros, convivimos con ellos y ante los cuales vamos desarrollando respuestas y estrategias "adaptativas", temores no siempre, ni mucho menos, conscientes.
Estos miedos, cotidianos y habituales, introyectados por todos nosotros probablemente representen una expresión de nuestras formas de vida liquida y de las formas de dominio global.
Quizás uno de estos temores más ampliamente extendido, al menos en el mundo occidental, es lo que se ha denominado "medicalización social", es decir, la preocupación más o menos inquietante por la salud, o mejor dicho por unos determinados estándares de salud construidos por notorias instituciones sanitarias, sociales y políticas. Sin ir muy lejos, ejemplos de ello son la supuesta epidemia de Gripe A, "las vacas locas", etc., y ya se ha escrito mucho sobre quienes son los beneficiarios indirectos de tales crisis.


Pero estos temores, relacionados con la salud, no solo los encontramos en estos grandes sucesos, estimulados y retransmitidos en directo por los Mass media, sino en nuestra cotidianeidad más próxima, pues al hacerlos nuestros se convierten en motivadores de nuestras conductas habituales como por ejemplo el auge, de todo tipo, de los cuidados del cuerpo-físico, las demandas de consumo de productos "funcionales" ("bueno para el Ca"; para "mantener a raya" el colesterol, etc.).
El cuerpo, y de hecho el propio sujeto, se convierte cada vez más en el ultimo depositario o receptáculo de lo que no puede ser pensado y de los conflictos sociales, de diverso calado, que vivimos como espectadores (stress ante el paro creciente, maltratos, etc., etc)
Cierto, que en la confortable sociedad actual la adversidad se tolera peor y produce miedo y que, como dice E. G. Duro[1], "Somos mucho más sensibles al miedo que antes. En una sociedad más consumista como la nuestra toleramos menos los inconvenientes y el miedo aumenta. Reaccionamos peor ante los inconvenientes".
Cierto, que los vínculos sociales se han debilitado (otra cosa diferente es que estemos todos conectados) y los temores se hacen más intensos.
Y también es cierto, que una sociedad temerosa y asustada puede ser más mansa y obediente.
Pero no es menos cierto, que las cosas son como son porque nosotros somos como somos y que "La mayor parte de las veces, la razón de nuestra felicidad o nuestra infelicidad es, más que la vida que llevamos, el significado que le damos" (O.Pamuk[2]).


Marcel Cirera                                                                      Agosto 2012



[1] E. G. Duro, Biografía del miedo. Ed. Debate, 2007
[2] O. Pamuk, La maleta de mi padre. Ed. Mondadori, 2007