viernes, 14 de diciembre de 2012

La irresistible Novedad. Recetas de pensamiento único [I]


El denominado pensamiento único conlleva unos determinados modelos mentales y de conducta. Y como todo modelo mental, estos también han sido configurados a través de experiencias aprendidas y repetidas que conforman nuestra forma perceptual del presente, nuestras formas de mirar, entender, relacionarnos, anticipar y actuar sobre los acontecimientos.
Estas formas de percibir el presente no son puras, pues como toda percepción tiene lugar con todas las experiencias y su historia pasada (su memoria consciente e inconsciente), expectativas y presupuestos de aquel que percibe.
El pensamiento único, culturalmente dominante, conlleva una serie de valores (en el sentido de ideas generadoras de conducta, reconocidas como algo ideal y estimable per un determinado grupo social) que impregnan la cotidianeidad de lo percibido.

Uno de estos valores dominantes es la irresistible pasión “enfermiza” por la novedad, que la encontramos por doquier cada vez más presente en la vida social, hasta el punto de que quien no esta en la onda de la novedad puede pasar a ser un candidato a la exclusión social.

Ya no son solo los objetos de consumo que todos conocemos, desde una sopa a un smartphone, sino que todo requiere de la novedad, y sobretodo en el ámbito oceánico de la “información” parece como que quien presenta una presunta novedad tenga la receta para navegar.

Los que atesoran esta supuesta receta de pensamiento mágico para navegantes lo pasean y pregonan a los cuatro vientos, como “lo ultimo”, lo que “tienes que saber”, las “tres claves del éxito” para tal cosa y como no, “las nuevas tendencias en...”, etc., etc.

Recientemente leí una reseña sobre la presentación de un libro cuyo relato se construía de la siguiente forma: “exploran en esta obra...tres tendencias que están revolucionando la investigación de mercados y el marketing y que están directamente relacionados con los cambios ocurridos en los individuos, la sociedad y el consumo. Por un lado, el paso de la pregunta a la observación, ya que entienden que la técnica de hacer preguntas y obtener respuestas ya no es válida para determinados objetivos de investigación.” (y seguía con otras dos “tendencias” que me ahorro de señalar)

Esta cita anterior tiene en común con muchas otras, por una parte, el considerar y dar por descontado que “lo que esta revolucionando”, es decir lo supuestamente novedoso, es de orden superior a lo existente o “tradicional”, como si Einstein fuera superior a Newton, o como si la tortilla de patatas deconstruida fuera superior a la tortilla de patatas de la bodega de la esquina.

Y por otra parte, que lo que se aporta como novedad, en este caso, “el paso de la pregunta a la observación”, es del orden de la innovación cuando, en muchos casos, es una simple repetición, mal entendido, o banalidad sin fundamento, pues en este caso cabria decir que toda pregunta supone observación y toda observación es una interpretación.

La irresistible novedad puede presentarse de mil formas, desde la cosa que es percibida como tal hasta el simulacro retórico-semántico de la misma, y todas tienen en común el mensaje de un valor anhelado y supuestamente “necesario”.

Pero, ¿que es lo que comunica este mensaje de la novedad para poseer tal atractivo? y sobre todo ¿cuales son las representaciones mentales (pensamientos, sentimientos...) interiorizadas por el receptor al respecto?

Estamos inmersos en una frenética carrera de enamoramientos frágiles y efímeros con los objetos o de consumo, que justifican la necesidad de un flechazo continuo con el fin de reabastecer nuestras identidades, que a la vez se disuelve rápidamente ante otra novedad o ante la realidad trivialmente imperfecta del objeto consumido (del Iphone3, al Iphone4 y al Iphone5... y sigue).

La novedad nos devuelve el reflejo de un Yo transformado, inmaculado, con la promesa de una vida nueva, pero en la que sin tardar demasiado se impone la vida real y tenemos que abandonar nuestra autoidealización.

La creciente hegemonía de valores “fluidos” (la novedad, los récords, la rapidez y celeridad, lo simple, etc.), propios del pensamiento único, recuerda bastante lo que caracteriza, en psicopatología, la llamada “perversión” (en el sentido de la desviación del instinto respecto a su fin u objeto), es decir, compramos cada vez más “compensaciones”, “substitutos” o “desplazamientos” de los deseos, frustraciones, etc.  Pero esto de hecho no es nuevo, es algo que ya conocemos, y que en el contexto actual se refuerza en gran manera a través del placer de la compra-en-si ávida de llenar tremendos “vacíos” emocionales.

La receta de la novedad posee, como consecuencia de lo anterior, “mágicos” efectos balsámicos sobre la ansiedad de la caducidad y la ansiedad de originalidad o de diferenciación, efectos tan propios y definitorios de la “sociedad liquida” y del pensamiento único.

Estas recetas de pensamiento único que nos invaden, antes de consumirlas o tragarlas sin más, vale la pena digerirlas, pues los actos sin pensamiento o culpa asesinan el significado y la buena integración del objeto o lo que sea.


Marcel Cirera                                                                                  Diciembre 2012