31 de agosto de 2013

¡Difícil, pero podemos elegir!


Cuando los individuos o los grupos humanos nos sentimos amenazados, las respuestas más básicas o primarias suelen ser el unas veces el ataque al sujeto o cosa que amenaza y otras el refugio o la huida de lo amenazante, respuestas similares a las que podemos observar en la mayoría de los animales.

Cuando las condiciones de amenaza se sienten incrementadas (como sucede con las crisis de diversa índole que nos afectan actualmente, con los miedos instalados en nuestras mentes, con los vínculos sociales resquebrajados, etc.), junto a aquellas respuestas primarias, se refuerzan las pertinencias a grandes grupos (no siempre de manera consciente) como vehículos identificadores y de referencia, a modo de contenedores de las ansiedades no digeridas y necesitadas de canalización.

Y cuando todo lo anterior sucede en unas sociedades que han inscrito en su frontispicio el deber de la búsqueda del placer y la búsqueda de las satisfacciones por los caminos más cortos, las consecuencias de todo ello suelen propiciar paradójicamente más malestar, displacer y frustración.

En estas circunstancias, las estrategias de elección y decisión en la persecución del deseo y en la búsqueda del placer inmediato devienen, en muchos casos, una rueda perversa de insatisfacción, que por lo que vemos habitualmente la tiene que pagar el Otro, el estigmatizado (sea emigrante, mujer, sunnita, homosexual, etc.).

Mucho se ha escrito y debatido, desde las más diversas ópticas, sobre el sentido y la función del binomio placer/dolor. A. Damasio, en el Post scriptum de su conocido libro "El error de Descartes" dice al respecto: "Con toda probabilidad, (el dolor y el placer) fueron también las palancas que controlaron el desarrollo de las estrategias de la toma de decisiones sociales". Y prosigue más adelante "es la señal relacionada con el dolor la que nos hace apartar del problema inminente...Es difícil imaginar que los individuos y las sociedades gobernadas por la búsqueda del placer, tanto o más que por la evitación del dolor, puedan sobrevivir en absoluto."

Gran parte de nuestras poblaciones viven instaladas en las amenazas y conflictos referidos anteriormente, extendidos, incrementados y recreados desde los años '50 hasta la crisis actual de las sociedades del "hiperconsumo", en las que las vivencias de incertidumbre, de desamparo y  de pérdida de los vínculos sociales y lazos comunitarios buscan desesperadamente una salida.

Salidas puede haber muchas, pues como decían los antiguos estoicos, "lo que nos duele no es tanto el mundo que nos rodea cuanto las ideas que tenemos en la cabeza" (Epicteto).

Más allá del acuerdo o desacuerdo con dicha afirmación, que no voy a discutir aquí, lo que sí entiendo necesario es que estas salidas, a las que aludía, sean fruto de la búsqueda del sentido más que de la realización del impulso inmediato del deseo, un sentido que a ser posible conecte con lo más maduro del alma humana.

Pero, por lo que parece, las cosas no van por estos derroteros sino por caminos más trágicos, la mayoría de las veces, o también por los caminos de la farsa, la banalidad y mediocridad. A mi entender, estos segundos son la cara amable, sonriente y evitadora de los primeros.

En un día cualquiera, las noticias cotidianas pueden ilustrarnos estas elecciones y decisiones trágicas. Día 28.8.13. :"La guerra de Siria deja un millón de niños refugiados" , "Alerta nacional por el robo de cabello a mujeres en Venezuela" (La Vanguardia); "Quema de coches con matricula de Gibraltar en La Línea" (Ara); "Sufrí un trato vejatorio por haber hablado en valenciano" (Vila Web); "Tres menores asesinan a un joven en Oklahoma por aburrimiento" , "El alcalde que afirmó que los ejecutados por Franco "lo merecían" asegura que el PP le ha perdonado" (El País).

Cierto que la recolección de dichas noticias es intencionada, pero a mi modo de ver, son un reflejo variopinto del estado mental en el que vivimos.


La otra gran avenida por la que deambulan muchas apetencias y deseos, la que he denominado como farsa, creo que queda singularmente ilustrada por un artículo el  aparecido en El País el 23.8.13, "Las "betches", inmensamente superficiales y orgullosas de serlo", que a mi juicio no tiene desperdicio.



Emma Watson, caracterizada como Alexis Neiers, la 'betch' roba fortunas en la que se inspiró 'The Bling Ring'.



Las "betches" como grupo, con su dinámica y conexión a través de la Red, han encontrado un receptáculo en el que externalizar cómodamente sus partes no deseadas, eso sí, revestido de todo el glamour y fascinación de su mensaje.

Probablemente las "betches", con su particularidad, aparte de representar una excrecencia (de hecho su lenguaje remite a ello) de la compulsividad del deseo propio una "sociedad enferma", representen también, como grupo de pertenencia, una de las variadas formas de calmar sus propias ansiedades.

Es un ejemplo, quizás extremo, de aquellas formas de búsqueda de posibles salidas ante el colapso, que está dentro de nosotros y que representa el estado existencial de gran parte de la subjetividad, en unas sociedades que progresivamente han hecho desaparecer otras formas del placer, que no sean el ansia inmediata e insaciable sublimada en los objetos y en el poder.

Los caminos de lo trágico y de la farsa expresan también, individual y colectivamente, a través de sus respuestas primarias guiadas por el deseo irrefrenable aquello que algunos se referían como la "ansiedad ante el extraño".

Frente a estas variadas maneras de investir lo más primario y regresivo podemos elegir explorar otros caminos (quizás más arduos y menos brillantes), que por ejemplo regulen el "Deseo" hiperconsumista de las subjetividades dominantes en nuestras culturas y junto a ello tomar en consideración comportamientos tan dignos, ante la más cruel de las adversidades, como los de Viktor Frankl en el campo de concentración de Auschwitz.

Dice V. Frankl, psiquiatra y escritor, en su libro ("El hombre en busca de sentido"): "las experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre tiene capacidad de elección."... "El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física"..."el tipo de persona en que se convertía un prisionero era el resultado de una decisión íntima y no únicamente producto de la influencia del campo"..."(Un hombre) Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad. O bien, en la dura lucha por la supervivencia, puede olvidar su dignidad humana y ser poco más que un animal..."



Marcel Cirera                                                                                 Agosto, 2013

22 de agosto de 2013

Creencias y cambio mental

Pleno mes de Agosto, la canícula veraniega colapsa los ritmos vitales, los acontecimientos públicos parecen bailar al son de una repetitiva canción de verano, los hombres del tiempo anuncian sorpresivas tormentas en vasos de plástico... Mientras parece como  si todo el frenesí cotidiano se enlentezca (para unos más que para otros), me asaltan algunas noticias, que no por conocidas son menos turbulentas (bombardeo en la ciudad de Alepo, golpe militar en Egipto,...) y así unas tras otras.

Los medios de la opinión publicada pugnan para devenir opinión pública, se tejen y  construyen realidades ficticias, dramáticas o banales (Alerta! Se buscan dos submarinistas ahogados,...pero resulta que los hallan tranquilamente en su casa), para así mantener el clímax de la audiencia y la hegemonía de ciertos estereotipos dominantes.

Bajo este panorama, y entre una novela y novela, mi mente vaga impactada por ciertas noticias y acontecimientos. Conjeturaba sobre como recibimos, atribuimos sentido e integramos, personal y socialmente, dichos impactos y las experiencias emocionales consecuentes. Y sobre todo, cuando estas adquieren un cierto carácter de fijación y devienen creencias y estereotipos, que interfieren o inhiben el cambio y crecimiento mental.

Entiendo que existen unas coincidencias subyacentes, tanto en la forma en que se emiten ciertos mensajes como en la manera de percibirlos y atribuirles sentido -no pensado-, para que puedan devenir mentalmente experiencias fijadas o establecidas. Más adelante volveré sobre ello.

Mientras tanto, me topé con una interesante entrevista realizada a Manuel Castells, en un diario argentino, titulada “La sociabilidad real se da hoy en Internet”, de la que entresaco algunas de sus afirmaciones.

El conocido sociólogo al referirse a los movimientos sociales dice: "los movimientos sociales no buscan tomar el poder. Nunca."; "El movimiento social busca cambios en las mentes de las personas y en las categorías culturales con las que la sociedad, normalmente, se piensa a sí misma". Y añade, "Para ellos lo importante no es el producto sino el proceso. Porque el cambio es mental y es a largo plazo."

Al relatar la relación entre los movimientos sociales e Internet señala: "Nacen y viven en Internet, pero para encontrarse con la sociedad tienen que salir al espacio público." "Internet en lugar de disminuir la sociabilidad la aumenta, en lugar de alienar contribuye a desalienar, en lugar de deprimir contribuye a manejar mejor la depresión y el stress." "Internet está absolutamente vigilada. Pero no está controlada, en el sentido de que no se puede interrumpir el mensaje."

Más allá de las consecuencias que Castells extrae sobre la sociabilidad de Internet, algunas de las cuales me parecen cuando menos discutibles o matizables (por ej. "manejar mejor la depresión y el stress", etc.), me gustaría subrayar dos ideas, que a mi parecer son clave, por una parte,  la de que "el cambio es mental" y por otra que (Internet) "no está controlada".

Cavilando sobre el cambio mental, y dejándome invadir por la duda canicular y veraniega, considero que la repetición (de creencias y estereotipos), el "más de lo mismo", es quizás una de las formas más potentes de no-cambio y a la vez una forma de "control" de lo social (en Internet y fuera de él), a través de la estandarización de las categorías culturales con las que nos pensamos.

Esta repetición está en la base de aquellas coincidencias subyacentes, a las que me refería, de los mensajes mediáticos de todo tipo, y su recepción, a los que estamos continuamente expuestos, cuyas consecuencias probablemente  consistan en la construcción de memorias, percepciones, deseos, acciones, discursos, marcos y categorías mentales para pensar lo social.

Obviamente, todo ello, en el marco de unas relaciones de poder que organizan e institucionalizan nuestras vidas en función de los intereses y valores de quienes lo detentan.

Así, la avalancha informativa en la que vivimos, muchas veces perversa, es promotora de marcos mentales para aniquilar la capacidad del sujeto de pensar por sí mismo y dirigir la mente hacia unos clichés y estereotipos acordes con los poderes diversos.

Estas coincidencias subyacentes son narraciones sutiles, la mayoría de las veces implícitas, que estructuran los mensajes y refuerzan determinados marcos mentales para pensar ("adecuadamente") el mundo, con los que se fijan y cimientan las creencias, algunas de ellas con resultados terribles.

Recordemos las burdas pero eficaces construcciones narrativas de la Administración Bush para preparar la guerra de Iraq ("El eje del mal", "las armas químicas en posesión de Sadam").

Pero, como decía, existen otras narraciones más sutiles y elaboradas que a menudo se filtran en la mente social y consiguen la aquiescencia de las gentes y que a modo de coincidencias subyacentes las podemos encontrar diluidas en diferentes discursos.

Así, por ejemplo, el "buenismo", el exceso de positividad, la cultura del optimismo, son estereotipos y categorías culturales de la "Sociedad del cansancio" (de la que habla en su libro, Byung-Chud Han), sociedad del rendimiento en la que nada es imposible, hiperactiva hasta la manía.

Otro ejemplo de marco mental dominante en nuestros ámbitos, y cada vez más extendido, es lo que podemos considerar como "cultura del miedo", construyendo miedos de diferentes tipos, que incitan respuestas que van desde el control del cuerpo hasta la exclusión de lo diferente.
  
No son ajenos a lo anterior ciertos movimientos sociales alternativos, que en sus discursos y acciones (expectativas idealizantes, proyecciones del "mal" sobre los Otros, ortodoxias casi fundamentalistas, etc.), a veces,  parecen coincidir con las creencias y estereotipos que dicen combatir. A mi modo de ver, harían bien de tomarse en serio a Castells cuando dice que "el cambio es mental".
 
Estas coincidencias subyacentes de significados están presentes cotidianamente en nuestras vidas a través de los discursos sociales y mediáticos, sean políticos, económicos, publicitarios, tecnológicos, etc.

Efectivamente, el cambio en las relaciones humanas es primariamente mental (entiéndase lo mental como algo individual y social).

No hay métodos ni recetas milagrosas para el cambio mental, pero probablemente tenga mucho que ver con nuestra actitud, con nuestra capacidad de interacción-comunicación (poner en común), y entre otras, con la capacidad de tolerancia y autorreflexión.

No es fácil, pues desarticular estas coincidencias subyacentes, que se expresan en forma de creencias y estereotipos, puede ser doloroso, aunque solo sea porque perdemos algo, que aunque sea malo, es un malo que es nuestro.

Ya Sócrates hablaba de la necesidad del "conócete a ti mismo", como correlato de la virtud y del bienestar psíquico, pues consideraba que aquella no depende de las cosas externas sino de los valores del alma.


Marcel Cirera                                                                                 agosto, 2013

23 de junio de 2013

Sobre los inicios del cualitativo: Josep Llusà y GEA, en Barcelona.

Sin tradición no hay innovación


Echando la vista atrás, como se suele decir, voy a referirme a los inicios del cualitativo en nuestro país e intentare hacerlo a partir de la experiencia presente y de las impresiones personales asociadas con aquellos momentos, personas e instituciones, que fueron pioneros en la Barcelona de finales de los '50, principios de los '60.

Me refiero singularmente a Josep Llusà y al instituto GEA (1962), donde personalmente inicie mi trayectoria profesional en 1978. No pretendo realizar una narración histórica, sino simplemente transmitir algunas reflexiones y sensaciones dispersas, a la luz de experiencias rememoradas en contraste con el presente, aunque este presente esté de hecho más o menos impregnado de pasado.

J. Llusà fue, a mi parecer, un pionero en su ámbito que ejerció un liderazgo apasionado, pragmático, ecléctico (más adelante me referiré a ello) en un sector incipiente, la investigación de mercados y concretamente la investigación cualitativa, que a su vez poco tenía que ver con los estándares de su formación profesional.

Dicho sea de paso la producción escrita de J. Llusà (aparte de los informes, algunos artículos profesionales, artículos en la  revista "Presencia" y el libro que escribió junto con J. L. Doreste "El deporte más allá del gesto") es difícil de encontrar y creo que tampoco fue abundante.
 
J. Llusà, nace en Barcelona en 1935, hijo de una familia de industriales, estudia medicina y se especializa en  psiquiatra, que ejerció en paralelo a su actividad como investigador, aunque esta fuera su actividad más relevante, fue uno de los fundadores de AEDEMO y ANEIMO, fundo GEA  en 1962 (Instituto dedicado a la Investigación psicosocial, como se decía normalmente entonces a diferencia de ahora) y más tarde fue socio fundador de EURO, red europea dedicada al análisis transcultural. En algunos momentos fue profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona y de ESADE.

Marçal Moliné, una de las "M" de MMLB  y una de las mentes lucidas y sensibles de los inicios, en este caso, de la publicidad en nuestro país, nos ayuda a enmarcar los primeros pasos de J. Llusà. Moliné dice en su blog (http://blocmoline.blogspot.com.es/): " A veces me ponía retos que me obligaban a despabilarme" (Moline se refiere a José Mestre, uno de los fundadores de la empresa Meyba): “Mire este libro, Moliné, habla de unos estudios que se están haciendo en Estados Unidos que se llaman de motivación. Quiero un estudio de motivación sobre calcetines” y eso dio lugar a que se hiciera el primer estudio cualitativo creado en España gracias a que localicé a un recién licenciado en psicología que había hecho una investigación con el gurú del tema, Ernest Dichter . Era Josep Llusà, que después sería todo un clásico en la investigación motivacional desde su Instituto GEA".

En efecto, para J. LLusà que había entrado en contacto con E. Dichter en Barcelona, a finales de los '50, para el que realizo un trabajo como entrevistador, este fue el despegue de su dedicación profesional a los estudios motivacionales.

Dichter, en aquellos momentos, en una entrevista realizada por Del Arco, renombrado periodista de aquella época, para la revista Destino (nº 1089, 1958), al referirse a los estudios motivacionales, decía: "Casi todos nuestros actos responden a impulsos inconscientes...Las emociones son más importantes que la razón; pero tenemos la ilusión de que somos seres racionales. Cuando usted hace una cosa y se pregunta porque la hizo, se contesta porque cree que la razón le guio, pero no es así.", cosa que actualmente está ya en boca de muchos, gracias a lo difundido por las neurociencias, pero que, como vemos, ya se consideraba un aspecto básico para entender el comportamiento humano en los inicios de la investigación psicosocial, sobre todo en los enfoques de orientación e influencia psicoanalítica, como es el caso de Dichter y otros.

J. Llusà, en el artículo "Análisis de las motivaciones en publicidad" (no fechado, pero probablemente escrito a principios de los '70) se refiere a ello diciendo: "La investigación motivacional referida al consumidor tiene como objetivo el preguntarse por qué las personas obran, actúan y se comportan de una forma determinada y averiguar cuáles son los móviles que lo llevan a desencadenar esta conducta."

Y continua diciendo: " Hemos de suponer que un estudio de mercado tradicional conoce el comportamiento del consumidor. Es decir, sabe incluso en que ocasiones ocurre un acto determinado y cuantas veces ocurre. Lo que desconoce es el por qué ocurre el acto. Cuál es el motivo consciente o inconsciente que le lleva a comportarse de aquella forma".

Esta convergencia de visión con Dichter marcara la práctica, desde el inicio, de los estudios producidos en GEA
.
Probablemente debido, en parte, a su formación médica en su concepción de la motivación aparecen de forma insinuada ciertos correlatos con las ciencias empíricas o de lo que hoy se emparentaría con las neurociencias. Por ej. Cuando relaciona lo motivacional con la búsqueda de la homeostasis, LLusà dice al respecto: "Se puede considerar que la actividad humana en si tiene una tendencia a buscar un equilibrio positivo...adaptada a su medio tanto interno como externo para tener un aprovechamiento máximo de los recursos, para conseguir una evolución (hacia el equilibrio). ...Desde el protozoo al organismo multicelular más complicado existe siempre esta regulación automática llamada homeostasis".

O cuando al referirse a la investigación motivacional dice: "descubre cuales son los estímulos que deben utilizarse para poner en marcha las descargas fisiológicas que provoquen la apetencia e interés sobre un objeto concreto".

El eclecticismo y una visión dinámica del comportamiento, serán una de las características, a mi modo de ver, de estos inicios de las practicas cualitativas de J. Llusà y de GEA, probablemente debido a la construcción de una experiencia de trabajo pragmática fundamentada en las respuestas a las demandas del aquel incipiente mercado de la investigación.

Este eclecticismo lo vemos reflejado cuando Llusà al referirse a la interpretación dice: "en nuestra opinión es utilizable cualquier tipo de escuela según el estímulo que se ofrezca. Es decir, no es necesario para interpretar ser exclusivamente freudiano o adleriano o conductista...Pero si es necesario tener un conocimiento global de todas las escuelas".

Existen también hoy en día muchos profesionales que utilizan con profusión técnicas de trabajo cualitativas (investigadores, consultores de empresa, etc.), que saben muy bien qué hacer si quieren ser eficaces, pero posiblemente son pocos los que saben por qué hacen lo que hacen.

Un aspecto característico de la posición adaptativa de aquellos inicios fue la práctica empírica  con los Grupos, que los denominábamos como "análisis de la dinámica en el grupo" (con cierta referencia al pensamiento lewiniano, a los interaccionistas, etc.), ni Focus Group (en la línea de R. Merton), ni Grupo de Discusión (en la línea de J. Ibáñez).

En el artículo citado, Llusà define así el "análisis de la dinámica en el grupo": "se utilizan grupos reducidos de seis a ocho elementos en los cuales se exploran una serie de áreas que se ofrecen al grupo. Sin embargo el entrevistador no tiene en ningún momento una posición activa, sino que se limita a controlar la dinámica, evitando por ejemplo acciones nocivas del antilider, potenciando al líder natural o corrigiendo desviaciones de la conversación, para conseguir un contraste de tipo social en cuanto a los móviles que se están explorando y un componente de autodigestión social a los temas de exploración."
  
La ausencia de marcos teóricos referenciales claros, he pensado a posteriori, era una clara limitación de la tareas a realizar que solo se compenso, creo que con creces, con la alta implicación emocional del equipo de trabajo y sobre todo con la dinámica existente en la Institución (GEA), que incorporaba como eje el "aprendizaje por la experiencia", a lo que me referiré más adelante.

La huella de este compromiso con el pensar fue, en parte, lo que me permitió en mi experiencia evolucionar hacia otros enfoques del Grupo, y más concretamente hacia un punto de vista del llamado "Grupo de estudio", en la línea de Tavistock.

Considero que este aspecto ecléctico y pragmático,  junto a otros, marcan unas diferencias claras de la posición de J. Llusà versus J. Ibáñez y la llamada Escuela de Madrid.

Si como decía J. Ibáñez ( lo cual suscribo en el sentido de lo deseado), el investigador cualitativo es aquel que sabe lo que hace, pues su práctica incluye la reflexión sobre su práctica, entiendo que el quehacer cualitativo requiere conocer, o a lo sumo intuir, los marcos mentales y epistemológicos con lo que se trabaja (sea en la realización del campo, en el análisis, etc.) sea para orientar o cambiar lo que uno hace, pues lo queramos o no todos operamos, consciente o inconscientemente, con ellos.

Este eclecticismo pragmático aun siendo importante en la impronta de GEA, considero que hay algo que todavía fue más determinante, para los profesionales que allí "mamamos", para sucesivas generaciones y para nuestra tarea como investigadores, me refiero a una práctica, que algunos vivimos en nuestros primeros años, de auténtico "aprendizaje por la experiencia", en la que las prácticas de "conteinment" y de "reverie" impregnaban la Institución. Es decir, el ayudar a pensar era una práctica cotidiana que corría a cargo sobretodo de María Rosa Prats, compañera de Llusà, mujer de amplia cultura critica, con una gran capacidad de trabajo, persistencia y generosidad, que representaba simbólicamente la encarnación de la función materna en el inconsciente de la organización de GEA.

Este "aprendizaje por la experiencia" emocional, a través de la formación y supervisión de nuestras prácticas de campo, análisis, etc. lo entiendo como una riqueza para el crecimiento personal y profesional y también la posibilidad de transitar caminos, más o menos diversos, por parte de los que allí aprendimos.

Respecto a este aspecto anterior, que a mi entender entronca con lo citado de Ibáñez sobre el investigador cualitativo, creo que en gran medida ciertas prácticas cualitativas  actuales adolecen de una  vinculación contenedora, que posibilite el sentido y la interpretación, es decir, por ej. Cuando ante un material (narración, vivencia, conflicto, etc.) de un grupo  no existe capacidad de "digestión" que lo transforme en sentido, se opta por la descripción  lineal-evacuativa. Lo así producido es más un residuo factico de lo percibido que un pensamiento como experiencia emocional.

Decía Bion (1979), "De todas las posibilidades odiosas, el crecimiento y la maduración son las más temidas y detestadas".

Quizás la prevalencia del pensamiento lineal y de lo poco empático de una parte contexto sociocultural actual, sea caldo de cultivo de lo que parece instalarse como cierta tendencia hacia lo que se asemeja a un "pensamiento operativo" social (la dificultad o el discurso y la comprensión literal de abstracciones y metáforas, fáctica, que subyace a la impulsividad, a la puesta en acto, etc.), es decir, una concretización donde "las cosas son como son", "al pan, pan y al vino vino", en un mundo mental dominado por la sensación y en el que se substituye la realidad psíquica por la realidad material.

Finalmente, entiendo que unos de los aspectos centrales en aquellos inicios era una determinada visión social de lo producido, en dos sentidos, primero el considerar el contexto sociocultural, y la interrogación sobre el mismo, como marco sistémico de los comportamientos sociales y de consumo y segundo el compromiso, diría ético y político, con la reflexión crítica de lo social existente.

No podemos olvidar que los primeros pasos de la Investigación Cualitativa en nuestro país se dieron en pleno "desarrollismo" franquista, con la cultura y las libertades secuestradas, en un contexto de "guerra fría", en el que gobierno de los USA ya había bendecido a Franco.

Por cierto, Dichter trabajo en la campaña de las presidenciales para Stevenson (perdió frente a Eisenhower) y en aquellos momentos que estuvo en España confesó a Del Arco (en el artículo citado) que tenía un encargo para mejorar la imagen de USA en Europa. ¡Que cada cual haga sus conjeturas!
 
Esta actitud ética a la que me refería, que también la encontramos en J. Ibáñez y otros coetáneos como el recientemente fallecido Ángel de Lucas, etc., no solo es un signo de la época, sino que pone sobre la mesa el viejo debate sobre el rol de los profesionales de las ciencias sociales en general, tan de actual y necesario, hoy en día en una crisis cultural y sistémica, que pone de relieve la desorientación y la inseguridad creciente, con nuevas formas de segregación masiva y exclusión social que degradan el funcionamiento de la sociedad civil y que aun manteniendo la estructura democrática formal, hace del “estado de excepción” el modo habitual de gobierno (G. Agamben, 2011).

Dejo aquí este repaso fragmentario de mis recuerdos, impresiones y reflexiones sobre un origen del Cualitativo, el que se gestó a finales de los '50 de la mano de J. Llusà en Barcelona, con la convicción de la necesidad de que para vivir el presente es bueno repensar el pasado, aquí y ahora, pues el futuro inmediato se construye en el inconsciente de los individuos y de los grupos. No nos engañemos, sin tradición no hay innovación.


Marcel Cirera                                                                                              mayo 2013

24 de abril de 2013

"Lo emocional", un mito de nuestro tiempo (y II)


En el artículo anterior, “Lo emocional”, un mito de nuestro tiempo (I)”, me refería a la presencia y ocupación del concepto “emocional” en los discursos y narraciones sociales  de todo tipo, lo cual puede ilustrarnos sobre los modelos y marcos mentales de hoy en día.

Siendo así, cabría preguntarse ¿porque actualmente el discurso sobre “lo emocional” es tan prevalente? y ¿de qué estamos hablando cuando las emociones, o mejor dicho las referencias a las mismas, forman parte del discurso social y como no, mediático?, cuestiones que me parecen relevantes para poder entender algo del momento en que vivimos y de los comportamientos sociales.

Diversos son los factores que, a mi entender, confluyen en la construcción social del  mito de “lo emocional”. Este  proceso  de construcción  nace  con la dinámica y desarrollo de las sociedades cada vez más globalizadas (sobretodo occidentales), con unas relaciones de intercambio centradas en la lógica exponencial del consumo, que abarca casi todos los ámbitos de la vida (profesionales, afectivos, etc.), dando origen a lo denominare como ideología del consumo.

Se trata de una dinámica social “hiperconsumista” y “liquida” que tiene su centro neurálgico en un sujeto individual, sobre el que recaen el deber y el placer por cuenta propia, cada vez más desvinculado de las grandes instancias sociales (ideológicas, políticas, económicas, etc.) de las cuales antaño era dependiente (el debilitamiento de los vínculos sociales no siempre es el efecto de una sociedad cada vez más interconectada).

Esta ideología del consumo pivota sobre el corazón del sujeto individual y este remite esencialmente a “lo emocional”.

Así, cobran protagonismo nuevos paradigmas individualizantes (el éxito, la eficiencia, etc.) que junto a los valores de la libertad o de la autonomía individual, restan valía a la interdependencia y a las responsabilidades mutuas, que deberían vincular a las personas libres. Gran parte de los ecos de Mayo 68 se han sublimado en el hiperconsumismo - individualizante.

La progresiva ruptura de los espacios sociales, desde finales del S. XX,  con la consiguiente afirmación y enaltecimiento de una individualidad omnipotente, arropada de una fantasía de que “todo es posible” (todo se puede lograr con rendimiento y eficacia y así, el éxito está al alcance de la mano), ahonda en la labilidad de los vínculos sociales y las fronteras emocionales del sujeto se tambalean.

De esta forma va emergiendo un sujeto-consumidor, que en su clímax valoriza las cosas u objetos como personas y a las personas como objetos (ej. se habla de la “marca personal”, etc.), cada vez más necesitado y deseoso de colmarse de cosas. Ser a través de los objetos, a través de una repetición incesante de una relación sujeto-objeto que no hace sino que aumentar la frustración y el vacío de su alma. Un sujeto que vive su insuficiencia.

En el terreno mítico seria como si un supuesto Prometeo, agotado por la multitarea, deviene un Tántalo hiperconectado, ansioso e insaciado.



De aquí la necesidad, más o menos consciente, de mirar al interior, al corazón del sujeto, a “lo emocional”, o mejor dicho, por lo que se ve o lo que es dominante en la cultura, comportarse como espectador y  receptor pasivo de “lo emocional”, y como Tántalo, ansiando vanamente  calmar el hambre emocional. Cuando el objeto ya no puede ser un soporte de lo proyectado, siempre puede haber un coach o una pastilla que alivie el malestar.

En este sentido no es extraño que prolifere una cierta psicologización de la vida cotidiana, que a través de la homologación del “recetario” de todo tipo, legitima socialmente un “discurso terapéutico”, como señala Eva Illouz.

En los tiempos globalizados, en los que se asume socialmente "que todo es posible", se tiende a homologar las experiencias humanas, no solo en el pensar sino “en su forma de sentir” (F. Furedi, Therapy Culture, Oxford 2004). Es una homologación de lo íntimo y lo más íntimo es lo emocional.

Las narraciones y relatos que inciden  sobre el mito de “lo emocional” son diversos, pero aun así podemos agruparlos en dos grandes direcciones opuestas, que las denomino como: “visión dominante” y “visión empática”, que representan unos modelos de comprensión y acción humana diversos, y  consecuencias también diversas.

La “visión dominante” del mito de “lo emocional” se corresponde con unos relatos descriptivos, hechos con fría naturalidad y distanciamiento objetivo, como si de una ciencia exacta se tratase, reduciendo lo humano de las emociones y acallando la voz del corazón.

Basta con ver los consumos crecientes de ansiolíticos, antidepresivos o somníferos, por un lado, puestos en circulación por la psiquiatría organicista y la industria farmacéutica  y por otro,  los consumos crecientes de una parte de la sociedad que no quiere o puede ocuparse de su malestar o que en todo caso solo le interesa la reducción sintomática, fuente de inquietud y angustia.

De hecho esta “visión dominante”, en su extrema polaridad, es expresión de la absoluta indiferencia hacia lo humano, en la que solo cabe la bulimia de las sensaciones y el tantalismo insaciable.

Esta comprensión del mito representa alienarse en lo exterior (por identificación fusional y asimilación con el objeto de consumo), es lo que G. Durand designa como “visión esquizomorfa”. Se trata del conformismo emocional o lo que Freud denominaba como “miseria psicológica de las masas”.

En este linea Victoria Camps (El gobierno de las emociones .Ed. Herder, 2011) opina que lo que falla en las democracias actuales es que “no se consiga forjar un carácter ciudadano, un fallo que algo debe tener que ver con la desaparición de ciertas emociones sociales como la vergüenza y la culpa. Si ves racionalmente una injusticia, pero no la sientes, no sirve de nada y los derechos humanos se convierten en algo vacuo y, aunque no los rechaces, en la práctica no se respetan, porque no son sentidos como una obligación por los que hay que luchar.”

La “visión empática” del mito de “lo emocional” (en gran medida ausente en nuestra cotidianeidad), en el sentido de lo indicado por Kohut, “el cuerpo necesita el aire, como la mente la empatía”, comporta estar con el Otro (sujeto u objeto) sin fusionarse, sin asimilarse a los valores exteriores. Representa la integración y asimilación interior de valores, para ser Uno Mismo, en interdependencia e interrelación con el Otro.

Esta lectura de lo “lo emocional” supone mantener la distancia justa para no ser invadido por los objetos (héroes y dioses actuales), evitar la bulimia y así poder buscar y digerir el sentido del mito, dando espacio a la duda y a la tolerancia.

La búsqueda del sentido, es la búsqueda de lo que es humano.



Marcel Cirera                                                                                                                     04/2013

6 de abril de 2013

"Lo emocional", un mito de nuestro tiempo (I)


Suele suceder con frecuencia que fenómenos, cosas o ideas, nos parezcan familiares, hasta el punto de pensar que siempre lo hemos visto así, siempre hemos pensado esto o aquello, cuando en verdad antaño pensábamos casi lo contrario. Es un recurso de nuestra mente (del sistema emocional básico –J. Panksepp-  o del  Sistema 1 -D. Kahneman-)

Probablemente es lo que está sucediendo con el concepto <emocional>, como objeto de discurso social y cotidiano, más allá de su vertiente clínica o psicopatológica.

Nos encontramos  con un discurso sobre "lo emocional"  (y correlatos similares) que se hace habitual en los más diversos ámbitos de nuestra vida, referido a los productos, a las marcas, a la comunicación, al marketing, a los mercados,  a lo político, a las relaciones amorosas, a la vida, etc., y que parece ocupar cada vez más espacio en los escenarios públicos y mediáticos.

Así, vemos que existe una creciente presencia explicita de "lo emocional" a través del lenguaje, que deviene en su extremo como una ocupación psicológica y psicopatológica de las experiencias humanas (Ej. “El Estrés”, “la depre”, el ya notorio entre nuestros niños y adolescentes TDAH, etc.)

En casi toda actividad profesional parece que se descubran sus aspectos emocionales (ej. “vendedores empáticos”, la cocina de los sentidos, etc.).

Sin ir muy lejos en el tiempo, en gran parte del mundo del management y del marketing (y también en la investigación de mercados) existían unas visiones y enfoques dominadas por el racionalismo, el mecanicismo y reduccionismo (ej. Homo Economicus, modelo Lancaster, dualismo racional/irracional, etc.). Aún recuerdo cuando un director de marketing comentaba que "esto de las emociones es como el humo"  y hoy, no hay ejecutivo que se precie que no se apunte a "lo emocional" (ej. marketing emocional; marketing de experiencias; marketing sensorial, etc.).

 Tengamos en cuenta que una cosa son estas o aquellas visiones de los expertos (vemos lo que queremos o podemos ver!!) y otra muy distinta lo que representa y representaba (consciente y sobre todo en lo inconsciente) cualquier objeto de consumo para la gente.

Y como no, "lo emocional" lo encontramos en todas las variantes de “autoayuda”,  desde publicaciones hasta conferencias-receta, junto a la emergencia de nuevos profesionales  que ofrecen consuelos de todo tipo, eso sí, rápidos, fáciles y a la carta.

Hay unas miradas emocionales hacia los más diversos temas y ámbitos, por ejemplo hablando sobre el adelgazamiento, "los malos hábitos y las emociones son los principales factores del sobrepeso" (La Vanguardia, 3/4/13) o sobre la salud y el PIB (estudio publicado en Psychological Science), que en el mismo periódico citado(27/3/13) se describía como "La salud depende tanto de la renta como de las emociones".

Nada escapa a lo emocional, incluso lo económico, que hasta recientemente considerábamos como paradigma de la racionalidad.

Daniel Kahneman, psicólogo, distinguido con el Premio Nobel de Economía (2002) y autor del conocido texto “Pensar rápido, pensar despacio”, hablando sobre sobre la ilusión de la aptitud inversora dice, “Muchos inversores individuales pierden sistemáticamente en este mercado, algo que un chimpancé lanzador de dardos no igualaría”  y más adelante hablando sobre el exceso de confianza escribe “ Una de las lecciones de la crisis financiera...es que hay periodos en los que la competencia entre organizaciones y entre expertos crea poderosas fuerzas que favorecen la ceguera colectiva  para el riesgo y la incertidumbre”. Kahneman se refiere a los funcionamientos de lo que él denomina como Sistema 1  (el de las respuestas emocionales básicas).

Desde una perspectiva diferente David Tuckett,  psicoanalista, invitado a participar en el en el Global Economic Symposium y el Global Risks Network del Foro Económico Mundial, expone también la relevancia de las emociones en el funcionamiento de los mercados financieros (“Minding the Markets: An Emotinal Finance View of Financial Instability”, 2011)

La proliferación de estos discursos sociales basados en "lo emocional", diversos en sus temáticas, pero que tiene en común la centralidad de lo emocional, tienden a construirse como sistemas explicativos de las conductas y también como sistemas de creencias de carácter imaginario, es decir son formas de expresar, comprender y sentir  los fenómenos  e inquietudes que atañen al alma individual y colectiva, a la vida y a las relaciones, y que son aceptados socialmente como tales.

De aquí que podamos considerar "lo emocional" como uno de los mitos de nuestra época presente.

Algunos llegan a afirmar que estamos en la "era de lo emocional" (también la "era del cerebro" o la "era del inconsciente", aspectos correlacionados en el sentido de que lo emocional inconsciente es el aspecto básico del funcionamiento cerebral),  igual que se afirma  que el s.XVIII, era el siglo de la razón o que el s.XIX era el siglo de la pasión.

No podemos olvidar que estos  discursos y narraciones  sobre  "lo emocional", se dan en unos marcos socioculturales y en unas relaciones sociales dadas, con la prevalencia de unos valores y unos imaginarios específicos  propios del contexto.

Como todo elemento mítico, en este caso "lo emocional", permite descubrir tipos de relaciones constantes, estructuras narrativas condensadas en unas determinadas historias (ver ejemplos anteriores), es decir,  los relatos  y narraciones sobre "lo emocional" fijan unos modelos ejemplares  de comprensión y de acción humana, que son estructuras imaginarias animadas por valores simbólicos.

Como toda estructura mítica, "lo emocional" en este sentido, en su interpretación hemos de tomar en consideración sus figuras o imágenes (ej. sean los estresados de hoy  o las narrativas de los gestores financieros de la City), su dinámica y la cultura en la que se inscribe, hic et nunc.

En el próximo artículo, ("Lo emocional, un mito de nuestro tiempo" -y II-) me centrare en lo que ha contribuido a construir el mito "emocional" y sus diferentes visiones  y consecuencias.


Marcel Cirera                                                                                             06/04/2013

7 de marzo de 2013

Cerebro-mente: ¿uno o dos? o depende de como lo mires


El neuromarketing comporta un trabajo de exploración a partir de los conocimientos y las técnicas sobre la estructura y función cerebral del consumidor y de sus conductas.
Existen cosas que es posible realizar experimentalmente con la materia (cerebro) por ejemplo, un EEG o manipular quirúrgicamente o químicamente el cerebro y cosas que no es posible realizar experimentalmente, como por ejemplo, entender la vivencia o la información subjetiva ante un hecho o un consumo determinado de un producto y viceversa.
¿Como explicar esta aparente dicotomía?
Es más, si las redes neurales son un emergente respecto de las neuronas individuales (sus propiedades no nos explican las de las redes), el comportamiento no se explica directamente desde un patrón determinado de una área estimulada o la acción de un neurotransmisor concreto, etc.
Entonces, ¿De qué modo la excitación electroquímica en unas neuronas se transforma en una experiencia subjetiva? ¿Cómo emerge la consciencia del cerebro?
Veamos, Chalmers (1995) se refirió a ello planteándolo como el problema “fácil” y el problema “difícil” entre cerebro y mente.
·  Problema “Fácil”: encontrar los correlatos neurales de cualquier cosa (lenguaje, memoria, etc.). Hallar las regiones y los procesos cerebrales, donde se localizan. Por ejemplo, un pinchazo: ruta somato-sensorial (“fácil”).

·  Problema “Difícil”: el cómo un patrón particular de hechos fisiológicos nos hace conscientes. Por ejemplo, como la fisiología, química, etc., se transforman en la sensación de dolor (“difícil”).

La distinción entre cuerpo y mente es una cuestión del punto de vista de la observación; se trata de un artefacto de percepción.
Mi percepción externa me ve (a mi cuerpo) como una entidad física y mi percepción interna me siente (a mi ser) como una entidad mental. Dos cosas que son una y la misma (un yo). Yo soy la misma cosa que estoy observando, me percibo desde dos puntos de vista a la vez.
“El cerebro está hecho de una sustancia que parece «física» cuando se observa desde fuera (como un objeto) y «mental» cuando se observa desde adentro (como un sujeto)” (Solms y Turnbull, 2004).
El aparato mental es observable desde dos perspectivas diferentes simultáneas: primero, como un objeto material y, segundo, como conciencia subjetiva.

Entonces, el neuromarketing tiene mucho que ganar al integrar los dos enfoques de investigación.

El problema “fácil” y el problema “difícil”, entre cerebro y mente, es del mismo orden que el acto de consumo que realiza un consumidor.

Marcel Cirera                                                                                             marzo 2013

17 de enero de 2013

Voracidad, un pensar indigesto. Recetas de pensamiento único [II]


El proceso de interacción continua del sujeto con el medio o contexto cultural, lingüístico, social, etc., en el que nace y se desarrolla, es constitutivo de la mente, pues nuestro cerebro-cuerpo tiene esta capacidad plástica y nuestro genoma es un potencial que depende de la experiencia.

Probablemente a diferencia de antaño, el marco cultural que estamos viviendo en estos años de cambio de milenio, caracterizado por el impacto brutal y persistente de los medios y sistemas de información y comunicación (en el sentido político, comercial, ideológico, etc.), conlleva notables cambios en el proceso de mentalizar.

Entre estos cambios, de índole, alcance y valoración diversa, considero importante tomar en consideración el estrecho margen para la libertad mental y de pensamiento, así como para la reflexión critica, que parecen tener los angostos y amplios caminos de la cultura “liquida” y digital, en general.  

Así, la cultura del consumo nos sumerge en una voracidad permanente e irrefrenable, que requiere “llenarse” en una desmesura excitante. "Llenarse" de objetos, materiales o no (ideas, etc.), constituye ya un comportamiento habitual en nuestras sociedades.

Hoy, a menudo, estos comportamientos se expresan en forma digital, a través de las redes  (500 amigos en Facebook, etc.), a través de nuestro smartphone,  prótesis sensorio-corporal, que irrumpe continuamente las interacciones, ofreciéndonos un placido y constante repliegue ensimismado.

Pero también, la voracidad tiene como norte la fantasía de éxito, como una condición del mismo, un “llenarse” para el éxito. En este sentido, un colega me explicaba un dialogo con un alumno suyo:

-Alumno: cuántas cosas profesor... ¿que tengo de hacer para tener éxito?
-Profesor: ¿para qué lo quieres el éxito?
-Alumno: (sorprendido y desconcertado) buena pregunta, profesor... (Silencio)

Este "llenarse" representa tener y tender constantemente a la saciedad como finalidad, para sentirse tranquilo, seguro, reconocido, aceptado y poseedor de un inestable bienestar, que parece como la ingente tarea de Sísifo, llenarse, vaciarse, para volver a llenarse.

En las "sociedades del conocimiento", esta obsesión para "llenarse" se manifiesta también como un acumular experiencias, sensaciones y disponer de algunas ideas -receta, que como postres o guinda, sobre todo no nos empachen.

Sí, nos llenamos de experiencias, donde aquello vivido como novedad es considerado como valioso. No es casualidad que hoy se hable tan a menudo del marketing de experiencias, tan en boga.

Las experiencias se buscan sobre todo a través de las sensaciones, por eso BMW nos decía "¿Te gusta conducir?", o la marca de ropa Desigual promociona su imagen proponiendo a los consumidores que vayan desnudos a sus tiendas, etc.

Como decía anteriormente, también se ingieren "algunas ideas", eso si, siempre que sean fáciles de tragar y de eliminar, pues el proceso de llenar y vaciar no puede parar, como si de una noria desbocada se tratase.

Abundan, en este sentido, las ideas-receta, es decir, la cultura de manual de autoayuda o el discurso presentado a través de unos cuántos puntos que si los sigues, supuestamente lograrás el objetivo y te llevaran a descubrir o a triunfar con tal o cual cosa ("6 pasos para el éxito..."; "10 razones a tomar en consideración...").

Todas estas experiencias, sensaciones y recetas cuya  finalidad es “llenarnos”, tienen en común su carácter efímero (¿donde quedaría la lógica del consumo si no operaran sobre la ficción de la satisfacción del deseo?) y también, que no dejan espacio para digerir, es decir, no dejan espacio mental para el contraste, para la duda, para aquello incierto que puede ser sentido y pensado.

Existe esta necesidad de llenarse de cosas (como una especie de psicofármaco cotidiano) que elude la posibilidad de poder poner palabras a aquello que nos impacta o emociona y evita poder representar mentalmente aquello incierto, desconocido, perdido, etc.

Cambiar es un proceso difícil, a veces doloroso, que entre otras cosas, supone tolerar y admitir la carencia, y esto requiere tiempo y espacio mental que en una sociedad "estresada" parece no existir.

Y con todo esto, vemos cotidianamente,  a través de los medios  y los políticos son un ejemplo de ello, como la culpa, la vergüenza o el malestar a menudo son  puestos afuera, en los otros o en el Otro (una evidencia de ello  es el auge de Amanecer Dorado en Grecia, siendo en este caso los inmigrantes los objetos de la culpa proyectada, etc.).

Si no hay espacio, si nuestro estómago mental tiene que estar siempre a reventar no hay pensamiento posible, no hay maduración y no puede haber cambio.

Días atrás en un céntrico barrio de Barcelona, El Raval, concretamente en el Teatro Raval, una entrañable compañía de teatro representaba la obra "Doce hombres sin piedad" (conocida como película del 1957 con la gran actuación de Henry Fonda), bonita y justa metáfora para representar esta necesidad de espacio mental.

En la obra se muestra como a través de la duda se puede generar conocimiento. Al inicio de la obra once de los doce miembros de un jurado tienen muy clara la idea de que tienen que condenar a muerte al acusado (los motivos de estos miembros del jurado poco tienen que ver directamente con quien están juzgando) y sólo uno de los doce dice que él no sabe si el acusado es o no culpable, y simplemente pide a los otros miembros tiempo y espacio para discutirlo y contrastarlo.

Para evitar indigestiones mentales y tener una buena digestión, para poder crecer y afrontar los cambios, hay que salir de esta lógica bulímica, individual y social, que cómo en el caso de la obra citada también los once miembros del jurado estaban inicialmente dispuestos, sin ningún tipo de reparo, a condenar a muerte al acusado.

Tolerar aquello incierto, el desamparo o la culpa, y darnos espacio para pensar, dudar, conversar y conjeturar, con nosotros mismos o con nuestros grupos de referencia, puede ser un buen camino para explorar (como el protagonista de la obra citada), que al menos, elude las subidas y bajadas de la piedra que Sísifo estaba condenado a repetir.


Marcel Cirera                                                                                  Enero 2013