sábado, 6 de abril de 2013

"Lo emocional", un mito de nuestro tiempo (I)


Suele suceder con frecuencia que fenómenos, cosas o ideas, nos parezcan familiares, hasta el punto de pensar que siempre lo hemos visto así, siempre hemos pensado esto o aquello, cuando en verdad antaño pensábamos casi lo contrario. Es un recurso de nuestra mente (del sistema emocional básico –J. Panksepp-  o del  Sistema 1 -D. Kahneman-)

Probablemente es lo que está sucediendo con el concepto <emocional>, como objeto de discurso social y cotidiano, más allá de su vertiente clínica o psicopatológica.

Nos encontramos  con un discurso sobre "lo emocional"  (y correlatos similares) que se hace habitual en los más diversos ámbitos de nuestra vida, referido a los productos, a las marcas, a la comunicación, al marketing, a los mercados,  a lo político, a las relaciones amorosas, a la vida, etc., y que parece ocupar cada vez más espacio en los escenarios públicos y mediáticos.

Así, vemos que existe una creciente presencia explicita de "lo emocional" a través del lenguaje, que deviene en su extremo como una ocupación psicológica y psicopatológica de las experiencias humanas (Ej. “El Estrés”, “la depre”, el ya notorio entre nuestros niños y adolescentes TDAH, etc.)

En casi toda actividad profesional parece que se descubran sus aspectos emocionales (ej. “vendedores empáticos”, la cocina de los sentidos, etc.).

Sin ir muy lejos en el tiempo, en gran parte del mundo del management y del marketing (y también en la investigación de mercados) existían unas visiones y enfoques dominadas por el racionalismo, el mecanicismo y reduccionismo (ej. Homo Economicus, modelo Lancaster, dualismo racional/irracional, etc.). Aún recuerdo cuando un director de marketing comentaba que "esto de las emociones es como el humo"  y hoy, no hay ejecutivo que se precie que no se apunte a "lo emocional" (ej. marketing emocional; marketing de experiencias; marketing sensorial, etc.).

 Tengamos en cuenta que una cosa son estas o aquellas visiones de los expertos (vemos lo que queremos o podemos ver!!) y otra muy distinta lo que representa y representaba (consciente y sobre todo en lo inconsciente) cualquier objeto de consumo para la gente.

Y como no, "lo emocional" lo encontramos en todas las variantes de “autoayuda”,  desde publicaciones hasta conferencias-receta, junto a la emergencia de nuevos profesionales  que ofrecen consuelos de todo tipo, eso sí, rápidos, fáciles y a la carta.

Hay unas miradas emocionales hacia los más diversos temas y ámbitos, por ejemplo hablando sobre el adelgazamiento, "los malos hábitos y las emociones son los principales factores del sobrepeso" (La Vanguardia, 3/4/13) o sobre la salud y el PIB (estudio publicado en Psychological Science), que en el mismo periódico citado(27/3/13) se describía como "La salud depende tanto de la renta como de las emociones".

Nada escapa a lo emocional, incluso lo económico, que hasta recientemente considerábamos como paradigma de la racionalidad.

Daniel Kahneman, psicólogo, distinguido con el Premio Nobel de Economía (2002) y autor del conocido texto “Pensar rápido, pensar despacio”, hablando sobre sobre la ilusión de la aptitud inversora dice, “Muchos inversores individuales pierden sistemáticamente en este mercado, algo que un chimpancé lanzador de dardos no igualaría”  y más adelante hablando sobre el exceso de confianza escribe “ Una de las lecciones de la crisis financiera...es que hay periodos en los que la competencia entre organizaciones y entre expertos crea poderosas fuerzas que favorecen la ceguera colectiva  para el riesgo y la incertidumbre”. Kahneman se refiere a los funcionamientos de lo que él denomina como Sistema 1  (el de las respuestas emocionales básicas).

Desde una perspectiva diferente David Tuckett,  psicoanalista, invitado a participar en el en el Global Economic Symposium y el Global Risks Network del Foro Económico Mundial, expone también la relevancia de las emociones en el funcionamiento de los mercados financieros (“Minding the Markets: An Emotinal Finance View of Financial Instability”, 2011)

La proliferación de estos discursos sociales basados en "lo emocional", diversos en sus temáticas, pero que tiene en común la centralidad de lo emocional, tienden a construirse como sistemas explicativos de las conductas y también como sistemas de creencias de carácter imaginario, es decir son formas de expresar, comprender y sentir  los fenómenos  e inquietudes que atañen al alma individual y colectiva, a la vida y a las relaciones, y que son aceptados socialmente como tales.

De aquí que podamos considerar "lo emocional" como uno de los mitos de nuestra época presente.

Algunos llegan a afirmar que estamos en la "era de lo emocional" (también la "era del cerebro" o la "era del inconsciente", aspectos correlacionados en el sentido de que lo emocional inconsciente es el aspecto básico del funcionamiento cerebral),  igual que se afirma  que el s.XVIII, era el siglo de la razón o que el s.XIX era el siglo de la pasión.

No podemos olvidar que estos  discursos y narraciones  sobre  "lo emocional", se dan en unos marcos socioculturales y en unas relaciones sociales dadas, con la prevalencia de unos valores y unos imaginarios específicos  propios del contexto.

Como todo elemento mítico, en este caso "lo emocional", permite descubrir tipos de relaciones constantes, estructuras narrativas condensadas en unas determinadas historias (ver ejemplos anteriores), es decir,  los relatos  y narraciones sobre "lo emocional" fijan unos modelos ejemplares  de comprensión y de acción humana, que son estructuras imaginarias animadas por valores simbólicos.

Como toda estructura mítica, "lo emocional" en este sentido, en su interpretación hemos de tomar en consideración sus figuras o imágenes (ej. sean los estresados de hoy  o las narrativas de los gestores financieros de la City), su dinámica y la cultura en la que se inscribe, hic et nunc.

En el próximo artículo, ("Lo emocional, un mito de nuestro tiempo" -y II-) me centrare en lo que ha contribuido a construir el mito "emocional" y sus diferentes visiones  y consecuencias.


Marcel Cirera                                                                                             06/04/2013