domingo, 23 de junio de 2013

Sobre los inicios del cualitativo: Josep Llusà y GEA, en Barcelona.

Sin tradición no hay innovación


Echando la vista atrás, como se suele decir, voy a referirme a los inicios del cualitativo en nuestro país e intentare hacerlo a partir de la experiencia presente y de las impresiones personales asociadas con aquellos momentos, personas e instituciones, que fueron pioneros en la Barcelona de finales de los '50, principios de los '60.

Me refiero singularmente a Josep Llusà y al instituto GEA (1962), donde personalmente inicie mi trayectoria profesional en 1978. No pretendo realizar una narración histórica, sino simplemente transmitir algunas reflexiones y sensaciones dispersas, a la luz de experiencias rememoradas en contraste con el presente, aunque este presente esté de hecho más o menos impregnado de pasado.

J. Llusà fue, a mi parecer, un pionero en su ámbito que ejerció un liderazgo apasionado, pragmático, ecléctico (más adelante me referiré a ello) en un sector incipiente, la investigación de mercados y concretamente la investigación cualitativa, que a su vez poco tenía que ver con los estándares de su formación profesional.

Dicho sea de paso la producción escrita de J. Llusà (aparte de los informes, algunos artículos profesionales, artículos en la  revista "Presencia" y el libro que escribió junto con J. L. Doreste "El deporte más allá del gesto") es difícil de encontrar y creo que tampoco fue abundante.
 
J. Llusà, nace en Barcelona en 1935, hijo de una familia de industriales, estudia medicina y se especializa en  psiquiatra, que ejerció en paralelo a su actividad como investigador, aunque esta fuera su actividad más relevante, fue uno de los fundadores de AEDEMO y ANEIMO, fundo GEA  en 1962 (Instituto dedicado a la Investigación psicosocial, como se decía normalmente entonces a diferencia de ahora) y más tarde fue socio fundador de EURO, red europea dedicada al análisis transcultural. En algunos momentos fue profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona y de ESADE.

Marçal Moliné, una de las "M" de MMLB  y una de las mentes lucidas y sensibles de los inicios, en este caso, de la publicidad en nuestro país, nos ayuda a enmarcar los primeros pasos de J. Llusà. Moliné dice en su blog (http://blocmoline.blogspot.com.es/): " A veces me ponía retos que me obligaban a despabilarme" (Moline se refiere a José Mestre, uno de los fundadores de la empresa Meyba): “Mire este libro, Moliné, habla de unos estudios que se están haciendo en Estados Unidos que se llaman de motivación. Quiero un estudio de motivación sobre calcetines” y eso dio lugar a que se hiciera el primer estudio cualitativo creado en España gracias a que localicé a un recién licenciado en psicología que había hecho una investigación con el gurú del tema, Ernest Dichter . Era Josep Llusà, que después sería todo un clásico en la investigación motivacional desde su Instituto GEA".

En efecto, para J. LLusà que había entrado en contacto con E. Dichter en Barcelona, a finales de los '50, para el que realizo un trabajo como entrevistador, este fue el despegue de su dedicación profesional a los estudios motivacionales.

Dichter, en aquellos momentos, en una entrevista realizada por Del Arco, renombrado periodista de aquella época, para la revista Destino (nº 1089, 1958), al referirse a los estudios motivacionales, decía: "Casi todos nuestros actos responden a impulsos inconscientes...Las emociones son más importantes que la razón; pero tenemos la ilusión de que somos seres racionales. Cuando usted hace una cosa y se pregunta porque la hizo, se contesta porque cree que la razón le guio, pero no es así.", cosa que actualmente está ya en boca de muchos, gracias a lo difundido por las neurociencias, pero que, como vemos, ya se consideraba un aspecto básico para entender el comportamiento humano en los inicios de la investigación psicosocial, sobre todo en los enfoques de orientación e influencia psicoanalítica, como es el caso de Dichter y otros.

J. Llusà, en el artículo "Análisis de las motivaciones en publicidad" (no fechado, pero probablemente escrito a principios de los '70) se refiere a ello diciendo: "La investigación motivacional referida al consumidor tiene como objetivo el preguntarse por qué las personas obran, actúan y se comportan de una forma determinada y averiguar cuáles son los móviles que lo llevan a desencadenar esta conducta."

Y continua diciendo: " Hemos de suponer que un estudio de mercado tradicional conoce el comportamiento del consumidor. Es decir, sabe incluso en que ocasiones ocurre un acto determinado y cuantas veces ocurre. Lo que desconoce es el por qué ocurre el acto. Cuál es el motivo consciente o inconsciente que le lleva a comportarse de aquella forma".

Esta convergencia de visión con Dichter marcara la práctica, desde el inicio, de los estudios producidos en GEA
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Probablemente debido, en parte, a su formación médica en su concepción de la motivación aparecen de forma insinuada ciertos correlatos con las ciencias empíricas o de lo que hoy se emparentaría con las neurociencias. Por ej. Cuando relaciona lo motivacional con la búsqueda de la homeostasis, LLusà dice al respecto: "Se puede considerar que la actividad humana en si tiene una tendencia a buscar un equilibrio positivo...adaptada a su medio tanto interno como externo para tener un aprovechamiento máximo de los recursos, para conseguir una evolución (hacia el equilibrio). ...Desde el protozoo al organismo multicelular más complicado existe siempre esta regulación automática llamada homeostasis".

O cuando al referirse a la investigación motivacional dice: "descubre cuales son los estímulos que deben utilizarse para poner en marcha las descargas fisiológicas que provoquen la apetencia e interés sobre un objeto concreto".

El eclecticismo y una visión dinámica del comportamiento, serán una de las características, a mi modo de ver, de estos inicios de las practicas cualitativas de J. Llusà y de GEA, probablemente debido a la construcción de una experiencia de trabajo pragmática fundamentada en las respuestas a las demandas del aquel incipiente mercado de la investigación.

Este eclecticismo lo vemos reflejado cuando Llusà al referirse a la interpretación dice: "en nuestra opinión es utilizable cualquier tipo de escuela según el estímulo que se ofrezca. Es decir, no es necesario para interpretar ser exclusivamente freudiano o adleriano o conductista...Pero si es necesario tener un conocimiento global de todas las escuelas".

Existen también hoy en día muchos profesionales que utilizan con profusión técnicas de trabajo cualitativas (investigadores, consultores de empresa, etc.), que saben muy bien qué hacer si quieren ser eficaces, pero posiblemente son pocos los que saben por qué hacen lo que hacen.

Un aspecto característico de la posición adaptativa de aquellos inicios fue la práctica empírica  con los Grupos, que los denominábamos como "análisis de la dinámica en el grupo" (con cierta referencia al pensamiento lewiniano, a los interaccionistas, etc.), ni Focus Group (en la línea de R. Merton), ni Grupo de Discusión (en la línea de J. Ibáñez).

En el artículo citado, Llusà define así el "análisis de la dinámica en el grupo": "se utilizan grupos reducidos de seis a ocho elementos en los cuales se exploran una serie de áreas que se ofrecen al grupo. Sin embargo el entrevistador no tiene en ningún momento una posición activa, sino que se limita a controlar la dinámica, evitando por ejemplo acciones nocivas del antilider, potenciando al líder natural o corrigiendo desviaciones de la conversación, para conseguir un contraste de tipo social en cuanto a los móviles que se están explorando y un componente de autodigestión social a los temas de exploración."
  
La ausencia de marcos teóricos referenciales claros, he pensado a posteriori, era una clara limitación de la tareas a realizar que solo se compenso, creo que con creces, con la alta implicación emocional del equipo de trabajo y sobre todo con la dinámica existente en la Institución (GEA), que incorporaba como eje el "aprendizaje por la experiencia", a lo que me referiré más adelante.

La huella de este compromiso con el pensar fue, en parte, lo que me permitió en mi experiencia evolucionar hacia otros enfoques del Grupo, y más concretamente hacia un punto de vista del llamado "Grupo de estudio", en la línea de Tavistock.

Considero que este aspecto ecléctico y pragmático,  junto a otros, marcan unas diferencias claras de la posición de J. Llusà versus J. Ibáñez y la llamada Escuela de Madrid.

Si como decía J. Ibáñez ( lo cual suscribo en el sentido de lo deseado), el investigador cualitativo es aquel que sabe lo que hace, pues su práctica incluye la reflexión sobre su práctica, entiendo que el quehacer cualitativo requiere conocer, o a lo sumo intuir, los marcos mentales y epistemológicos con lo que se trabaja (sea en la realización del campo, en el análisis, etc.) sea para orientar o cambiar lo que uno hace, pues lo queramos o no todos operamos, consciente o inconscientemente, con ellos.

Este eclecticismo pragmático aun siendo importante en la impronta de GEA, considero que hay algo que todavía fue más determinante, para los profesionales que allí "mamamos", para sucesivas generaciones y para nuestra tarea como investigadores, me refiero a una práctica, que algunos vivimos en nuestros primeros años, de auténtico "aprendizaje por la experiencia", en la que las prácticas de "conteinment" y de "reverie" impregnaban la Institución. Es decir, el ayudar a pensar era una práctica cotidiana que corría a cargo sobretodo de María Rosa Prats, compañera de Llusà, mujer de amplia cultura critica, con una gran capacidad de trabajo, persistencia y generosidad, que representaba simbólicamente la encarnación de la función materna en el inconsciente de la organización de GEA.

Este "aprendizaje por la experiencia" emocional, a través de la formación y supervisión de nuestras prácticas de campo, análisis, etc. lo entiendo como una riqueza para el crecimiento personal y profesional y también la posibilidad de transitar caminos, más o menos diversos, por parte de los que allí aprendimos.

Respecto a este aspecto anterior, que a mi entender entronca con lo citado de Ibáñez sobre el investigador cualitativo, creo que en gran medida ciertas prácticas cualitativas  actuales adolecen de una  vinculación contenedora, que posibilite el sentido y la interpretación, es decir, por ej. Cuando ante un material (narración, vivencia, conflicto, etc.) de un grupo  no existe capacidad de "digestión" que lo transforme en sentido, se opta por la descripción  lineal-evacuativa. Lo así producido es más un residuo factico de lo percibido que un pensamiento como experiencia emocional.

Decía Bion (1979), "De todas las posibilidades odiosas, el crecimiento y la maduración son las más temidas y detestadas".

Quizás la prevalencia del pensamiento lineal y de lo poco empático de una parte contexto sociocultural actual, sea caldo de cultivo de lo que parece instalarse como cierta tendencia hacia lo que se asemeja a un "pensamiento operativo" social (la dificultad o el discurso y la comprensión literal de abstracciones y metáforas, fáctica, que subyace a la impulsividad, a la puesta en acto, etc.), es decir, una concretización donde "las cosas son como son", "al pan, pan y al vino vino", en un mundo mental dominado por la sensación y en el que se substituye la realidad psíquica por la realidad material.

Finalmente, entiendo que unos de los aspectos centrales en aquellos inicios era una determinada visión social de lo producido, en dos sentidos, primero el considerar el contexto sociocultural, y la interrogación sobre el mismo, como marco sistémico de los comportamientos sociales y de consumo y segundo el compromiso, diría ético y político, con la reflexión crítica de lo social existente.

No podemos olvidar que los primeros pasos de la Investigación Cualitativa en nuestro país se dieron en pleno "desarrollismo" franquista, con la cultura y las libertades secuestradas, en un contexto de "guerra fría", en el que gobierno de los USA ya había bendecido a Franco.

Por cierto, Dichter trabajo en la campaña de las presidenciales para Stevenson (perdió frente a Eisenhower) y en aquellos momentos que estuvo en España confesó a Del Arco (en el artículo citado) que tenía un encargo para mejorar la imagen de USA en Europa. ¡Que cada cual haga sus conjeturas!
 
Esta actitud ética a la que me refería, que también la encontramos en J. Ibáñez y otros coetáneos como el recientemente fallecido Ángel de Lucas, etc., no solo es un signo de la época, sino que pone sobre la mesa el viejo debate sobre el rol de los profesionales de las ciencias sociales en general, tan de actual y necesario, hoy en día en una crisis cultural y sistémica, que pone de relieve la desorientación y la inseguridad creciente, con nuevas formas de segregación masiva y exclusión social que degradan el funcionamiento de la sociedad civil y que aun manteniendo la estructura democrática formal, hace del “estado de excepción” el modo habitual de gobierno (G. Agamben, 2011).

Dejo aquí este repaso fragmentario de mis recuerdos, impresiones y reflexiones sobre un origen del Cualitativo, el que se gestó a finales de los '50 de la mano de J. Llusà en Barcelona, con la convicción de la necesidad de que para vivir el presente es bueno repensar el pasado, aquí y ahora, pues el futuro inmediato se construye en el inconsciente de los individuos y de los grupos. No nos engañemos, sin tradición no hay innovación.


Marcel Cirera                                                                                              mayo 2013