jueves, 22 de agosto de 2013

Creencias y cambio mental

Pleno mes de Agosto, la canícula veraniega colapsa los ritmos vitales, los acontecimientos públicos parecen bailar al son de una repetitiva canción de verano, los hombres del tiempo anuncian sorpresivas tormentas en vasos de plástico... Mientras parece como  si todo el frenesí cotidiano se enlentezca (para unos más que para otros), me asaltan algunas noticias, que no por conocidas son menos turbulentas (bombardeo en la ciudad de Alepo, golpe militar en Egipto,...) y así unas tras otras.

Los medios de la opinión publicada pugnan para devenir opinión pública, se tejen y  construyen realidades ficticias, dramáticas o banales (Alerta! Se buscan dos submarinistas ahogados,...pero resulta que los hallan tranquilamente en su casa), para así mantener el clímax de la audiencia y la hegemonía de ciertos estereotipos dominantes.

Bajo este panorama, y entre una novela y novela, mi mente vaga impactada por ciertas noticias y acontecimientos. Conjeturaba sobre como recibimos, atribuimos sentido e integramos, personal y socialmente, dichos impactos y las experiencias emocionales consecuentes. Y sobre todo, cuando estas adquieren un cierto carácter de fijación y devienen creencias y estereotipos, que interfieren o inhiben el cambio y crecimiento mental.

Entiendo que existen unas coincidencias subyacentes, tanto en la forma en que se emiten ciertos mensajes como en la manera de percibirlos y atribuirles sentido -no pensado-, para que puedan devenir mentalmente experiencias fijadas o establecidas. Más adelante volveré sobre ello.

Mientras tanto, me topé con una interesante entrevista realizada a Manuel Castells, en un diario argentino, titulada “La sociabilidad real se da hoy en Internet”, de la que entresaco algunas de sus afirmaciones.

El conocido sociólogo al referirse a los movimientos sociales dice: "los movimientos sociales no buscan tomar el poder. Nunca."; "El movimiento social busca cambios en las mentes de las personas y en las categorías culturales con las que la sociedad, normalmente, se piensa a sí misma". Y añade, "Para ellos lo importante no es el producto sino el proceso. Porque el cambio es mental y es a largo plazo."

Al relatar la relación entre los movimientos sociales e Internet señala: "Nacen y viven en Internet, pero para encontrarse con la sociedad tienen que salir al espacio público." "Internet en lugar de disminuir la sociabilidad la aumenta, en lugar de alienar contribuye a desalienar, en lugar de deprimir contribuye a manejar mejor la depresión y el stress." "Internet está absolutamente vigilada. Pero no está controlada, en el sentido de que no se puede interrumpir el mensaje."

Más allá de las consecuencias que Castells extrae sobre la sociabilidad de Internet, algunas de las cuales me parecen cuando menos discutibles o matizables (por ej. "manejar mejor la depresión y el stress", etc.), me gustaría subrayar dos ideas, que a mi parecer son clave, por una parte,  la de que "el cambio es mental" y por otra que (Internet) "no está controlada".

Cavilando sobre el cambio mental, y dejándome invadir por la duda canicular y veraniega, considero que la repetición (de creencias y estereotipos), el "más de lo mismo", es quizás una de las formas más potentes de no-cambio y a la vez una forma de "control" de lo social (en Internet y fuera de él), a través de la estandarización de las categorías culturales con las que nos pensamos.

Esta repetición está en la base de aquellas coincidencias subyacentes, a las que me refería, de los mensajes mediáticos de todo tipo, y su recepción, a los que estamos continuamente expuestos, cuyas consecuencias probablemente  consistan en la construcción de memorias, percepciones, deseos, acciones, discursos, marcos y categorías mentales para pensar lo social.

Obviamente, todo ello, en el marco de unas relaciones de poder que organizan e institucionalizan nuestras vidas en función de los intereses y valores de quienes lo detentan.

Así, la avalancha informativa en la que vivimos, muchas veces perversa, es promotora de marcos mentales para aniquilar la capacidad del sujeto de pensar por sí mismo y dirigir la mente hacia unos clichés y estereotipos acordes con los poderes diversos.

Estas coincidencias subyacentes son narraciones sutiles, la mayoría de las veces implícitas, que estructuran los mensajes y refuerzan determinados marcos mentales para pensar ("adecuadamente") el mundo, con los que se fijan y cimientan las creencias, algunas de ellas con resultados terribles.

Recordemos las burdas pero eficaces construcciones narrativas de la Administración Bush para preparar la guerra de Iraq ("El eje del mal", "las armas químicas en posesión de Sadam").

Pero, como decía, existen otras narraciones más sutiles y elaboradas que a menudo se filtran en la mente social y consiguen la aquiescencia de las gentes y que a modo de coincidencias subyacentes las podemos encontrar diluidas en diferentes discursos.

Así, por ejemplo, el "buenismo", el exceso de positividad, la cultura del optimismo, son estereotipos y categorías culturales de la "Sociedad del cansancio" (de la que habla en su libro, Byung-Chud Han), sociedad del rendimiento en la que nada es imposible, hiperactiva hasta la manía.

Otro ejemplo de marco mental dominante en nuestros ámbitos, y cada vez más extendido, es lo que podemos considerar como "cultura del miedo", construyendo miedos de diferentes tipos, que incitan respuestas que van desde el control del cuerpo hasta la exclusión de lo diferente.
  
No son ajenos a lo anterior ciertos movimientos sociales alternativos, que en sus discursos y acciones (expectativas idealizantes, proyecciones del "mal" sobre los Otros, ortodoxias casi fundamentalistas, etc.), a veces,  parecen coincidir con las creencias y estereotipos que dicen combatir. A mi modo de ver, harían bien de tomarse en serio a Castells cuando dice que "el cambio es mental".
 
Estas coincidencias subyacentes de significados están presentes cotidianamente en nuestras vidas a través de los discursos sociales y mediáticos, sean políticos, económicos, publicitarios, tecnológicos, etc.

Efectivamente, el cambio en las relaciones humanas es primariamente mental (entiéndase lo mental como algo individual y social).

No hay métodos ni recetas milagrosas para el cambio mental, pero probablemente tenga mucho que ver con nuestra actitud, con nuestra capacidad de interacción-comunicación (poner en común), y entre otras, con la capacidad de tolerancia y autorreflexión.

No es fácil, pues desarticular estas coincidencias subyacentes, que se expresan en forma de creencias y estereotipos, puede ser doloroso, aunque solo sea porque perdemos algo, que aunque sea malo, es un malo que es nuestro.

Ya Sócrates hablaba de la necesidad del "conócete a ti mismo", como correlato de la virtud y del bienestar psíquico, pues consideraba que aquella no depende de las cosas externas sino de los valores del alma.


Marcel Cirera                                                                                 agosto, 2013