sábado, 31 de agosto de 2013

¡Difícil, pero podemos elegir!


Cuando los individuos o los grupos humanos nos sentimos amenazados, las respuestas más básicas o primarias suelen ser el unas veces el ataque al sujeto o cosa que amenaza y otras el refugio o la huida de lo amenazante, respuestas similares a las que podemos observar en la mayoría de los animales.

Cuando las condiciones de amenaza se sienten incrementadas (como sucede con las crisis de diversa índole que nos afectan actualmente, con los miedos instalados en nuestras mentes, con los vínculos sociales resquebrajados, etc.), junto a aquellas respuestas primarias, se refuerzan las pertinencias a grandes grupos (no siempre de manera consciente) como vehículos identificadores y de referencia, a modo de contenedores de las ansiedades no digeridas y necesitadas de canalización.

Y cuando todo lo anterior sucede en unas sociedades que han inscrito en su frontispicio el deber de la búsqueda del placer y la búsqueda de las satisfacciones por los caminos más cortos, las consecuencias de todo ello suelen propiciar paradójicamente más malestar, displacer y frustración.

En estas circunstancias, las estrategias de elección y decisión en la persecución del deseo y en la búsqueda del placer inmediato devienen, en muchos casos, una rueda perversa de insatisfacción, que por lo que vemos habitualmente la tiene que pagar el Otro, el estigmatizado (sea emigrante, mujer, sunnita, homosexual, etc.).

Mucho se ha escrito y debatido, desde las más diversas ópticas, sobre el sentido y la función del binomio placer/dolor. A. Damasio, en el Post scriptum de su conocido libro "El error de Descartes" dice al respecto: "Con toda probabilidad, (el dolor y el placer) fueron también las palancas que controlaron el desarrollo de las estrategias de la toma de decisiones sociales". Y prosigue más adelante "es la señal relacionada con el dolor la que nos hace apartar del problema inminente...Es difícil imaginar que los individuos y las sociedades gobernadas por la búsqueda del placer, tanto o más que por la evitación del dolor, puedan sobrevivir en absoluto."

Gran parte de nuestras poblaciones viven instaladas en las amenazas y conflictos referidos anteriormente, extendidos, incrementados y recreados desde los años '50 hasta la crisis actual de las sociedades del "hiperconsumo", en las que las vivencias de incertidumbre, de desamparo y  de pérdida de los vínculos sociales y lazos comunitarios buscan desesperadamente una salida.

Salidas puede haber muchas, pues como decían los antiguos estoicos, "lo que nos duele no es tanto el mundo que nos rodea cuanto las ideas que tenemos en la cabeza" (Epicteto).

Más allá del acuerdo o desacuerdo con dicha afirmación, que no voy a discutir aquí, lo que sí entiendo necesario es que estas salidas, a las que aludía, sean fruto de la búsqueda del sentido más que de la realización del impulso inmediato del deseo, un sentido que a ser posible conecte con lo más maduro del alma humana.

Pero, por lo que parece, las cosas no van por estos derroteros sino por caminos más trágicos, la mayoría de las veces, o también por los caminos de la farsa, la banalidad y mediocridad. A mi entender, estos segundos son la cara amable, sonriente y evitadora de los primeros.

En un día cualquiera, las noticias cotidianas pueden ilustrarnos estas elecciones y decisiones trágicas. Día 28.8.13. :"La guerra de Siria deja un millón de niños refugiados" , "Alerta nacional por el robo de cabello a mujeres en Venezuela" (La Vanguardia); "Quema de coches con matricula de Gibraltar en La Línea" (Ara); "Sufrí un trato vejatorio por haber hablado en valenciano" (Vila Web); "Tres menores asesinan a un joven en Oklahoma por aburrimiento" , "El alcalde que afirmó que los ejecutados por Franco "lo merecían" asegura que el PP le ha perdonado" (El País).

Cierto que la recolección de dichas noticias es intencionada, pero a mi modo de ver, son un reflejo variopinto del estado mental en el que vivimos.


La otra gran avenida por la que deambulan muchas apetencias y deseos, la que he denominado como farsa, creo que queda singularmente ilustrada por un artículo el  aparecido en El País el 23.8.13, "Las "betches", inmensamente superficiales y orgullosas de serlo", que a mi juicio no tiene desperdicio.



Emma Watson, caracterizada como Alexis Neiers, la 'betch' roba fortunas en la que se inspiró 'The Bling Ring'.



Las "betches" como grupo, con su dinámica y conexión a través de la Red, han encontrado un receptáculo en el que externalizar cómodamente sus partes no deseadas, eso sí, revestido de todo el glamour y fascinación de su mensaje.

Probablemente las "betches", con su particularidad, aparte de representar una excrecencia (de hecho su lenguaje remite a ello) de la compulsividad del deseo propio una "sociedad enferma", representen también, como grupo de pertenencia, una de las variadas formas de calmar sus propias ansiedades.

Es un ejemplo, quizás extremo, de aquellas formas de búsqueda de posibles salidas ante el colapso, que está dentro de nosotros y que representa el estado existencial de gran parte de la subjetividad, en unas sociedades que progresivamente han hecho desaparecer otras formas del placer, que no sean el ansia inmediata e insaciable sublimada en los objetos y en el poder.

Los caminos de lo trágico y de la farsa expresan también, individual y colectivamente, a través de sus respuestas primarias guiadas por el deseo irrefrenable aquello que algunos se referían como la "ansiedad ante el extraño".

Frente a estas variadas maneras de investir lo más primario y regresivo podemos elegir explorar otros caminos (quizás más arduos y menos brillantes), que por ejemplo regulen el "Deseo" hiperconsumista de las subjetividades dominantes en nuestras culturas y junto a ello tomar en consideración comportamientos tan dignos, ante la más cruel de las adversidades, como los de Viktor Frankl en el campo de concentración de Auschwitz.

Dice V. Frankl, psiquiatra y escritor, en su libro ("El hombre en busca de sentido"): "las experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre tiene capacidad de elección."... "El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física"..."el tipo de persona en que se convertía un prisionero era el resultado de una decisión íntima y no únicamente producto de la influencia del campo"..."(Un hombre) Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad. O bien, en la dura lucha por la supervivencia, puede olvidar su dignidad humana y ser poco más que un animal..."



Marcel Cirera                                                                                 Agosto, 2013