lunes, 12 de diciembre de 2016

Tatuajes, fitness, mascotas,...y smartphone



Cada época[i] representa una determinada forma de ver, pensar o sentir el si-mismo, la relación con los otros y los fenómenos y objetos circundantes.
Toda época es una convención, temporal e histórica, que refiere a unas conformaciones mentales prevalentes (dicho sea de paso, nuestra mente la construimos cotidianamente con la ininterrumpida interiorización de nuestras interacciones) con las que construimos nuestra manera de ver el mundo o, dicho en palabras de Lakoff, cada época supone unos marcos[ii] mentales, como si se trataran de un lenguaje compartido que nos permite comunicarnos y dar sentido a cada situación.
Entender o pensar el contexto y estos marcos es condición para pensarnos como sujetos y como colectivo.
Y es que, como sujetos relacionales que somos formamos parte, a veces conscientemente, de diversos ámbitos grupales (una familia, un país, unos sistemas de pertenencia orientados por nuestra conducta, etc.). En dichos ámbitos cabe distinguir lo explicito, denotado o descriptivo de los mismos (ej. el relato de quien compone mi familia, como es, que hace, etc.) de lo que pueden ser los ámbitos grupales-en-la-mente, es decir, lo que representan emocional y simbólicamente para nosotros (por ej. la familia puede representar para unos un refugio o para otros una cárcel).
Así, D. Tuckett[iii] utiliza el término de “Groupfeel”, para describir, en su caso, a los grupos operantes en el seno de los mercados financieros, en el sentido de un grupo de personas (puede ser un grupo virtual) que orientan sus pensamientos y acciones entre si sobre la base de un deseo poderoso y no plenamente consciente de no ser diferente y sentir lo mismo que el resto del grupo.
Por otra parte, a toda conducta y a todo objeto que nos rodea le podemos atribuir un carácter de signo o señal y a través de él representarnos aspectos simbólicos y emocionales propios, tanto en el ámbito individual como social, de forma que tales significados pueden adquirir una dimensión colectiva, incluso mítica, y representar elementos parciales del “espíritu de nuestro tiempo” (Zeitgeist), en un determinado momento y contexto.
Por todo ello, y tomando prestado el término utilizado por Tuckett, creo que podemos identificar en los comportamientos sociales actuales unos determinados groupfeel que representan claramente, entre otros muchos, el espíritu colectivo de nuestras sociedades occidentales.
Me referiré a algunos fenómenos sociales notoriamente actuales, que pueden ser pensados como groufeel, es decir, como grupos sociales que expresan ideas, conductas y aspiraciones compartidas, en gran medida no conscientes. Por ejemplo: el Groupfeel-tatuaje, el Groupfeel-fitness, el Groupfeel-mascota el Groupfeel-smartphone.
Si bien cada uno de ellos posee unos rasgos específicos, también comparte con los otros, rasgos de sentido que son transversales, propios de unos marcos mentales hegemónicos en nuestra época presente.   
Intentaré delimitar brevemente cada uno de ellos.
El Groupfeel-tatuaje parece cohesionarse sobre lo que sería el auto-marcaje de uno mismo, quizás como en otros lares uno marca sus ovejas o sus vacas.
Pero, a diferencia de vacas u ovejas, este auto-marcaje es una acción voluntaria que  identifica al sujeto, que da un cierto/incierto sentido de pertenencia y que se luce como adorno, con orgullo de ser.
Ciertamente, el tatuaje se ha dado, y no es nuevo, en diferentes contextos históricos, de manera que la decoración del propio cuerpo es como una función primaria de la vestimenta. Así, hay poblaciones primitivas que no se visten, pero no hay pueblos que no se adornen el cuerpo.
Con el sentido del adorno ponemos énfasis en la propia imagen corporal sea como signo de un reclamo sexual, de agresividad, de prestigio, etc. 
Pero también, los tatuajes representan, en parte, una extensión del propio Yo-corporal para significarse actualmente como “marca personal”. Es como si los signos que se inscriben en la piel tuvieran que exteriorizarse, que concretarse, en lugar de pensarse, en este límite del si-mismo que representa la propia piel, es decir, al no contenerse y elaborarse mentalmente se desplazan o expulsan encarnándose.
Paradójicamente, en una sociedad con unos niveles de desarrollo tecnológico asombroso, en todos los ámbitos, parece que necesita también artefactos ancestrales para poder comunicarse y expresar su si-mismo.
En la sociedad del rendimiento individualista se estima que uno tiene que distinguirse y diferenciarse para triunfar y no quedar excluido del mercado, como si la condición fuera la un marcaje narcisista y exhibicionista centrado en el cuerpo, o mejor dicho en determinadas zonas del propio cuerpo (cada uno con su propio sentido), que supone unas notables gratificaciones internas, para uno mismo, y unas gratificaciones externas, visibles.
El Groupfeel-fitness orienta sus acciones y tiene su eje visible en la “propia fachada”, aunque probablemente estemos ante unas actitudes y comportamientos diversos entre los que cabría distinguir ciertos marcos mentales específicos (per ej. referidos a las dietas y productos utilizados para “retocar” el cuerpo, etc.), aspectos que escapan a mi intención en el presente artículo.
El Groupfeel-fitness expresa un deseo de enaltecer el propio cuerpo, convertido en la máxima expresión del si-mismo, centrando su interés en el aspecto externo, como aquel disfraz obligado para poder participar en el baile de máscaras al que uno se siente invitado so pena de quedar fuera de la carrera para el triunfo social. Y como toda convención social, requiere de unos rituales imprescindibles (indumentaria, controles de esfuerzo, comidas, etc.).
Este fuerte deseo e interés por el aspecto externo esconde un narcisismo solitario y unas notables rivalidades en el plano de la comparación y apariencia.
Como en el cuento de los hermanos Grimm, “Blancanieves y los siete enanitos”, el lema del Groupfeel-fitness sería:“espejo, espejito mágico, ¿cuál es la más bella del reino?”
Por su parte, el Groupfeel-mascota responde al de un grupo (virtual) de personas, creciente en los últimos años, con las que nos topamos (a veces pisamos su prolongación) a diario. Por lo general, la mascota suele ser un perro, y más secundariamente un gato, aunque existe una amplia y variopinta oferta de animales, que en ocasiones parecen actuar como auténticos fetiches.
El deseo de posesión de la mascota no es ajeno a la soledad individualizada de nuestra sociedad liquida. En la mascota se encarnan unas relaciones de afecto, apego y atracción, que establecemos en nuestra mente con  dicho "objeto", a veces incluso como un objeto idealizado, con el que uno puede imaginarse que satisface un deseo vinculatorio profundo.
No parecen ajenos a todo ello los cambios de hábitos de las condiciones de habitabilidad y convivencia, como ilustra el dato de que “200.000 personas viven solas en Barcelona”[iv]
El Groupfeel-smartphone, tiene realmente las connotaciones de un grupo grande, casi en el mismo sentido que podríamos considerar un país, un grupo ideológico, etc. Este inmenso grupo de personas, que abarca muy amplios y diversos sectores de la sociedad actual (el 96% de los españoles[v] tienen un teléfono móvil y el 33% navega por la red con su Smartphone), es quizás uno de sus colectivos más representativos de los marcos culturales dominantes.
Sin lugar a dudas, en estos momentos, el smartphone es el objeto-símbolo, de consumo masivo, más emblemático de la cultura liquida-digital.
Este grupo amplio al que me refiero, el Groupfeel-smartphone, orienta sus actitudes y acciones y plasma sus sentimientos a través de este objeto-símbolo protésico, mental y corporal, que deviene casi imprescindible, como una parte de nosotros mismos. No por casualidad la nomofobia, abreviación del anglicismo No Mobile-Phone Phobia (fobia a no tener el teléfono móvil), es una de las fobias más relevantes, sobre todo en las generaciones jóvenes.
De tal forma dicho grupo se cohesiona virtualmente a través de diferentes rasgos que lo identifican y van construyendo unas formas específicas de comunicación y relación, diferentes del face to face, entre los que prevalecen:
         -    Diferentes formatos de comunicación, de diferente calidad e intensidad, que proporcionan diferentes soluciones comunicativas, supuestamente, con diferentes objetivos. Pero, no olvidemos que el significado de las palabras es sólo una parte de lo que comunicamos y la otra parte lo aporta todo lo que envuelve esa comunicación, desde el tono, la mirada hasta el entorno, que deducimos por inferencia.
         -    La disponibilidad total y a discreción (juego o no juego, respondo cuando quiero, puedo simular la ausencia y excluir a mi interlocutor, etc.).
         -    El manejo al instante de una inmensa cantidad de información (permite substituir otros canales de búsqueda, etc.).
         -    Su fácil usabilidad como una prolongación corpórea.
         -    A su vez, el efecto pantalla puede actuar como barrera defensiva y conllevar la mixtificación de lo sentido (p.ej. emoji). Quizás uno de los rasgos que se estén construyendo sea una dualidad, a la carta, de lo virtual y lo real, de un Self-online y un Self-offline.
         -    La posible estimulación sin fin y su cada vez mayor gratificación sensorial.
         -    La ilusión de pertenencia y vinculación con otros; etc.
Por lo que vemos, nos encontramos ante unas dinámicas relacionales, las del Groupfeel-smartphone, complejas y diversas, cuyas experiencias y efectos son, en parte, todavía desconocidos o difíciles de apreciar por su propio dinamismo acelerado.
Pero sí podemos conjeturar algunas cuestiones sobre el Groupfeel-smartphone como grupo (virtual) de personas, en el que:
         -    La dinámica de la experiencia emocional entre lo real y lo virtual, y su significado, condición de nuestros tiempos digitales, pone de relieve un correlato de presencia/ausencia, con las implicaciones y efectos que pueden conllevar (En un artículo[vi] sobre los operadores de guerra con aviones no tripulados -drones-, S. Western llama la atención sobre los efectos postraumáticos que pueden padecer, a diferencia de su supuesta inocuidad; “su ausencia de la zona de guerra puede hacer el asesinato más presente en ellos”)
         -    El estar pendiente continuamente y pasar tiempo y tiempo con los ojos fijados en la pantalla parece señalar una notable dependencia balsámica, como un espacio de confort emocional, que se siente y anhela como muy propio.    
         -    Parece existir una prevalencia de lo sensorial versus su metalización (lo que pone en cuestión el tipo de vínculo empático).
         -    La vivencia de inmediatez de la satisfacción o la fantasía de la misma y, por tanto, no tan solo no da lugar al aburrimiento, sino que puede no dejar espacio mental para su “digestión”.
         -    Se pone en juego una fantasía de “tenerlo-todo-a-mano”, a veces de manera omnipotente.
         -    Existiría una cierta regresión y unos sentimientos de pertenencia, casi fusionales, no plenamente conscientes, que parecen oscilar entre un funcionamiento grupal de “ser-uno” como grupo (one-ness) y un funcionamiento grupal de “mi-solo o ensimismamiento” (me-ness).
         -    “El exceso de información es peor que la escasez”, dice Bauman[vii] al referirse al marco actual. Probablemente este exceso que vivimos tenga relación con aquello de la tristeza de la saciedad (como aquel bajón que uno puede sentir después de un buen atracón de deliciosos manjares) y la no realización del deseo.
         -    En el seno del Groupfeel-smartphone se construyen unas actitudes o “unos nuevos tipos o roles de consumidores, más volubles, lábiles, fluidos, ávidos de cosas nuevas, etc. hijos del hiperconsumo y de Internet” [viii]. Pues sí, a mi entender, uno de los aspectos que caracteriza al el Groupfeel-smartphone es la facilidad con que fluctúa y oscila el interés y la atención hacia los otros y hacia los objetos.
Hasta aquí he intentado señalar algunas características relevantes de cada  Groupfeel en relación a su objeto vinculatorio.
Cada Groupfeel conlleva unos aspectos específicos o parciales que lo definen (obviamente uno puede pertenecer a varios) y a la vez cada grupo social es parte de un todo más amplio que representa el espíritu de nuestro tiempo.
Espíritu y cultura que se nutren de unos significados transversales, entre cada Groupfeel, que se sustentan y emergen de los diferentes objetos-signo y son construidos a través de las experiencias y relaciones.
Probablemente, como un fractal, la microhistoria que construimos con estos objetos vinculatorios cotidianos aporta mucho sentido, o al menos otra manera de mirar, para pensar los grandes fenómenos sociales que vivimos hoy en día, a más o menos distancia, desde el auge de la intolerancia y la aversión al diferente hasta los felices parques temáticos que la era Trump nos promete. 

    Marcel Cirera                                                                            Diciembre, 2016



[i] Época, en el sentido de un periodo de tiempo histórico, que puede incluir el presente, delimitado por unos acontecimientos que nos son significativos (culturales, tecnológicos, ambientales, etc.)
[ii] Lakoff, G. No Pienses en un Elefante, Madrid, 2007: Editorial Complutense.
[iii] Tuckett, D. Minding the markets, 2011, Palgrave Macmillan
[iv] http://www.ara.cat/data/viure-sol-barcelona_0_1677432435.html
[v] Estudio realizado por el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de la Ansiedad
[vi] https://leadershipandcoachingpolemic.com/2015/07/03/drone-warfare-reveals-psychological-tensions-of-living-in-the-digital-age/
[vii] Z. Bauman, 2012, Entrevista

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