22 de agosto de 2018

Futuros de la investigación social (Una visión cualitativa)


ABREATHING ROOM II, 2010. Installation Sean Kelly Gallery, New York, USA. Antony Gormley


Con frecuencia el entusiasmo es una respuesta habitual ante algo deseado, que suponemos nos puede proporcionar algún tipo de placer. A veces, el entusiasmo se junta con la impaciencia cuando la mínima espera se hace insoportable, es aquello tan común del día de reyes para los niños. Pero la experiencia nos enseña que la paciencia, o incluso la duda, son mejores aliados que la respuestas impulsivas, sobre todo si se trata de un nuevo conocimiento o de nuevas maneras de ver la realidad. Es aquello de que el árbol no nos deja ver el bosque.

En el ámbito del marketing el ansia por la novedad es casi consustancial a la propia tarea (“nuevo” producto, “nuevo” método innovador, etc.), pero asumiendo que esto es así, o lo hacemos así, creo que es bueno dejar algún espacio para la paciencia, la duda o incluso la incertidumbre, pues, ¿de dónde sale la creatividad sino es de lo que no está saturado y de la disrupción?

Por otra parte el futuro, que siempre comporta algún tipo de novedad, es algo que construimos nosotros, con todas nuestras expectativas y aspiraciones, lejos de ser algo que viene dado, ni que sea por una lógica automática del desarrollo tecnológico más deslumbrante y apasionante. El futuro lo construimos aquí y ahora.






Actualmente los caminos de futuro de la investigación social transitan por los extraordinarios desarrollos de las tecnologías de la información y de la imagen, pero esta afirmación siendo una obviedad es poco comprensiva y limitada en su sentido. Hemos de dar un paso más y contextualizar dicha afirmación.

Contextualizar los posibles futuros de la investigación social tiene que ver con situarlos, por una parte, en los marcos socioculturales que los conforman y construyen, desde las políticas de la “austeridad” y el nuevo liberalismo económico hasta modelos de gestión como “gerencialismo” imperante (la aplicación de las ideas de “homo economicus” a la gestión de los procesos) en el que domina una visón basada en el rendimiento, la optimización y la eficiencia; y por otra parte cabría pensar en los marcos mentales, presupuestos y paradigmas, que los pueden sustentar (reduccionismo y linealidad vs. complejidad, etc.)

No menos importante que lo anterior es la consideración ética de la propia tarea, como investigadores sociales, pues aparte de los códigos deontológicos de la profesión (código de ESOMAR, etc.), la posición ética influye en el modo y manera de nuestro hacer, en como consideramos al sujeto de la investigación y en la confiabilidad de las investigaciones. Ejemplos de malas prácticas orientados por la omnipotencia y supuesta omnisciencia los hemos visto en los recientes trabajos que Cambridge Analytica realizó para la campaña y políticas de Trump[i]
  
Los nuevos desarrollos técnicos aplicados a investigación social, que han eclosionado progresivamente en el mundo del marketing y la investigación con la entrada del nuevo milenio, los sintetizo en dos tipos: el campo de las neurociencias (neuromarketing) y el campo de las aplicaciones y modelos algorítmicos (ej. Big Data).

Ambos campos proveen unas herramientas valiosas que abren nuevas vías de conocimiento de los comportamientos sociales, en lo que dichas herramientas tienen de diferencial en su aplicabilidad, uso y finalidad. Ello requiere situarlas en su terreno, en lo que les es propio y especifico, evitando convertirlas a priori, a pesar del entusiasmo por la novedad, en las nuevas piedras filosofales de la investigación social.

La utilización de las técnicas de neuromarketing, derivadas de los desarrollos neurocientificos, habría que situarlas en lo que son los recientes presupuestos sobre el cerebro (la neuroplasticidad, el papel de los diferentes tipos de  memorias, las funciones de las neuronas espejo, etc.). Estos recientes conocimientos se refieren principalmente a la estructura y funcionalismo cerebral, como reconocen los más destacados neurocientificos (Damasio, Pankseep, Solms, etc.).

Es decir, una cosa es conocer los correlatos neurales de cualquier cosa (lenguaje, memoria, etc.) y encontrar las regiones y procesos cerebrales donde se localizan (ej. un pinchazo: ruta somatosensorial) y otra muy diferente es como un patrón de datos neurofisiológicos nos hace conscientes (por ej. como la fisiología, química, etc. de un proceso funcional se transforman en la sensación de dolor).

Es más, poder conocer como la excitación electroquímica de unas neuronas se transforma en una experiencia subjetiva o como emerge la consciencia del cerebro sobre una determinada cosa es algo que todavía no conocemos y que se está trabajando en ciertos ámbitos interdisciplinares[ii].

Trabajar de modo interdisciplinario cuando sea necesario, asumiendo las tareas y límites de cada enfoque, en este caso desde las aportaciones neurocientificas ( o sus aplicaciones en el neuromarketing) y la observación de los sentimientos y motivaciones desde la experiencia subjetiva (visión cualitativa) es un buen camino, a diferencia de las prácticas del reduccionismo cientifista y de las banalidades prometeicas al uso (como hacen por ej. los apóstoles de un neuromarketing de rebajas al hablar sobre el denominado “botón de compra”, etc.) que en poco contribuyen a la construcción de futuros en la investigación social.

Las aplicaciones y modelos algorítmicos (ej. Big Data) suministran una gran cantidad de información que puede cruzarse, modelizarse y accionarse algorítmicamente y ello supone una notable operatividad y eficiencia en la realización de determinados procesos productivos.

Pero no nos olvidemos que el mapa no es el territorio, como tampoco el dato son las personas reales. La acumulación de datos sobre un comportamiento, individual o grupal, no es equivalente a una vivencia, no es equivalente a los sentimientos que guían siempre nuestros comportamientos.

La capacidad de sentir y escuchar nuestros propios sentimientos solo la podemos realizar a través de la relación y la interacción con el otro, real o figurado.

Los estudios estadísticos o los modelo algorítmicos, que miden, indican o señalan signos, manifestaciones externas observables u opináticas de un determinado fenómeno (por ej. un estrés postraumático derivado de un ataque terrorista) pueden ser descriptivos del fenómeno, pero también engañosos y poco fiables, puesto que no nos proporcionan mucha información sobre lo que sucede en las mentes de las personas o sobre sus procesos psicológicos profundos (no es lo mismo el estrés vivido ante un terremoto que ante un ataque terrorista, aunque en ambos casos detectemos signos de estrés).

Estos procesos mentales y decisionales internos requieren para poderlos entender, como decíamos más arriba, de un enfoque  interdisciplinario basado en una aproximación cualitativa, es decir, con un manejo adecuado de la empatía, la contención de las ansiedades, la contratransferencia, la intuición y las inferencias que emergen del vínculo, sea individual o grupal.

No nos engañemos, los procesos mentales, las fantasías y dinámicas inconscientes, y en definitiva las experiencias subjetivas no las podemos comprender como si de un fenómeno experimental se tratara, como aquel que mide la excitación electroquímica de unas neuronas, sino a través de las buenas prácticas de la escucha del otro, porque emergen de la interacción entre sujetos.

Aquí está una cuestión básica en la construcción de los futuros de la investigación social: las buenas prácticas de los métodos de la escucha y la observación (métodos cualitativos) y sus desarrollos interdisciplinares.



SYNAPSE, 2006. Antony Gormley



Estas buenas prácticas han de transitar a partir de los paradigmas y constructos que les son propios, es decir, a través del desarrollo creativo de su propia heurística y en íntima relación con aquellos nuevos desarrollos técnico-científicos, señalados más arriba, respetando sus diversas epistemologías y no mimetizando unas y otras, a través de un “como si”, porque, si no, hacemos una cosa inútil o un producto irreconocible (por ej. identificar una descarga de oxitocina como similar a la experiencia vivida de un afecto sobre algo; pensar la experiencia subjetiva de un consumo como si pueda reducirse a un simple dato; etc.)


La escucha requiere su tiempo, y tal vez conflicto y conjeturar sobre la incertidumbre, y ello es paradójico con las exigencias de un contexto sociocultural que respira rapidez, rendimientos, resultados y verdades inmediatas a toda costa (dicho sea de paso, el camino más corto para llegar a una “fake news”). Pero, aprender y tolerar lo paradójico es también una señal de madurez para la construcción de futuros de la investigación social.



Marcel Cirera                                                                     Agosto, 2018



[ii] Se realizan trabajos interdisciplinares entre el campo de la neurociencia, la psicología y el psicoanálisis, p.ej. http://www.neuropsa.org.uk



16 de agosto de 2018

El prejuicio como ideología: la creación de los grupos "nosotros" y "ellos" en la sociedad

Farhad Dalal



Síntesis y comentarios


En este artículo Farhad Dalal, analista grupal, reflexiona sobre el prejuicio y sobre la construcción grupal del “nosotros”/ “ellos” como fenómeno de creación social y por tanto como espacio relacional estructurado por unas determinadas relaciones de poder.

Considera que lo mental es esencialmente social y político, en tanto que espacio en el que se construyen unas u otras relaciones de poder. Es en este marco donde adquiere sentido su visión del inconsciente social.

-  Dalal considera que el prejuicio, como forma de proyección, siempre nos parece razonable y nunca se experimenta como tal prejuicio. En este sentido entiende que el antídoto contra el prejuicio, más allá del trabajo cognitivo, es un mayor autoconocimiento y una mejor comprensión del mundo interno de uno.

-  Hay un prejuicio explícito y directo (el odio hacia los demás, la homofobia, la violencia contra la mujer, el antisemitismo, etc.) y un prejuicio sistémico o no tan evidente (ej. un titular de periódico nos dice que el Reino Unido tiene "14,000 profesores, pero solo 50 son negros", etc.)

-  El multiculturalismo (a partir de la década de 1960) pensó que el prejuicio nació de la ignorancia y por tanto que la educación era la vía regia para afrontarlo, pero habría que complementar lo anterior entendiendo que el reino de la ignorancia se vuelve fácilmente disponible para la proyección y en consecuencia comprender y aceptar que las partes denigradas de uno mismo darán como resultado una menor necesidad de denigrar al Otro.

-  Cuando un individuo (o todo un grupo) no puede manejar, por cualquier razón,  las dificultades que surgen en su mente (digamos impulsos agresivos), estas se separan de la conciencia, se reprimen y se proyectan en algún objeto o persona en el mundo externo. El individuo llega a experimentar que el objeto / persona es difícil en sí mismo (en este caso, agresivo).

-  No existe "el extraño" en abstracto, siempre hay un contexto; los extraños son siempre particulares, encarnados y situados.

- Los prejuicios que emanan del "nosotros" están dirigidos hacia un "ellos". Podemos preguntarnos: ¿cuál es la relación entre el "nosotros" y los "ellos"? y ¿cómo llegamos a establecer una u otra diferencia o similitud como el que decide si X es "uno de nosotros" o "uno de ellos"?

- Las agrupaciones humanas no se encuentran simplemente en la naturaleza, son construidas socialmente. Somos interdependientes y por tanto todas las relaciones humanas son necesariamente relaciones de poder (aquí cita los trabajos de Norbert Elias). Lo social y lo psicológico son aspectos del mismo proceso y es más, dice Dalal, las sociedades son anteriores a los individuos que las constituyen, el "yo" es constituido por las variedades de "nosotros" en las que uno nace.

- Dalal, citando a Foulkes, afirma que existe una necesidad fundamental en todos los seres humanos de pertenecer, ser parte de un "nosotros". No podemos no pertenecer. Tendemos a favorecer a los grupos "nosotros" como uno de los medios por los cuales los grupos se distancian unos de otros.

- Las emociones ayudan en el proceso de distanciamiento idealizando una agrupación y denigrando a la otra. Las emociones de repugnancia, disgusto, odio, envidia y demás son instrumentos utilizados para hacer y mantener el corte entre el "nosotros" y "ellos". Siguiendo a Winnicott, dice Dalal, en el momento en que se constituye un "nosotros", uno teme a aquellos que uno ha excluido, porque han sido excluidos.

- Para pertenecer a una cosa, tiene que haber algo a lo que uno no pertenece. Por lo tanto, el acto de inclusión requiere un acto simultáneo de exclusión.

- Volviendo al concepto de prejuicio, dice Dalal, la problemática es la creación y el mantenimiento de agrupaciones humanas.

- El prejuicio es una ideología y la ideología es inconsciente; es lo que se da por sentado que se utiliza para formular ideas y experiencias. Proporciona las categorías que usamos en nuestro pensamiento. La ideología es la base de lo que llamamos sentido común, legitimando los intereses de los grupos de interés. El lenguaje no es un medio pasivo de representar el mundo; informa activamente el tipo de mundo que uno experimenta.

- El trabajo del prejuicio no es visible, sino inconsciente, y está al servicio de crear y sustentar a los grupos "nosotros" y "ellos".



Este artículo se publicó en:
Psychotherapy and Politics International. Psychotherapy and Politics International 13(3), 182–193 (2015) Published online 24 September 2015 in Wiley Online Library (wileyonlinelibrary.com) doi: 10.1002/ppi.1359

15 de agosto de 2018

Identidades en pugna





Hace unos días, durante los mundiales de fútbol celebrados en Rusia, una amiga peruana (poco futbolera) me hacía notar el entusiasmo de sus compatriotas con su selección, a pesar de haber caído eliminados, subrayando el orgullo que a su entender suponía haber luchado hasta el final y al mismo tiempo toda la gente que se desplazó miles de Km, muchos de ellos haciendo un esfuerzo más allá de sus posibilidades económicas para seguir a la selección.

El fútbol es un objeto muy adecuado para externalizar alegrías, ilusiones, etc. y proyectar "nuestras partes malas" como carencias, resentimientos, etc. en el otro (recordemos aquella frase atribuida a M.V. Montalbán que decía que el Barça era como el ejército desarmado de Cataluña), y lo es tanto a nivel individual como a nivel colectivo, pues sabemos que la psicología individual y la psicología grupal son siempre similares por doquier[i], cualquiera que sea la identidad del grupo de pertenencia.

El orgullo, que sentía mi amiga identificándose con su grupo grande (los peruanos) podía ser el mérito, la valía y la estima hacia el propio grupo o lo que la selección peruana consiguió representar para un país poco significativo en el contexto del fútbol mundial. Este sentimiento de orgullo legítimo puede evolucionar, dependiendo de las circunstancias, hacia la autoestima del propio grupo o hacia el menosprecio y devaluación de los demás.

Cuando la conversación nos llevó a hablar sobre cómo los catalanes viven esta cuestión de los mundiales y las selecciones, aquí comenzaron las dificultades para dar sentido de lo que representaba todo esto, pues parece que una parte de catalanes no pueden sentir ese orgullo que gran parte de los peruanos sintieron con su selección, ... Cabe decir que cognitivamente me pareció que nos entendíamos, pero me quedó la duda de si emocionalmente también.



Hoy la cuestión de las identificaciones, y por tanto de las identidades (¿Quiénes somos ?; ¿a quién incluye el "nosotros"?; ¿que nos representa?), está en el centro del debate político y social Cataluña-España, aunque a menudo es eludido, desterrado o negado, es decir, el debate de fondo del conflicto Cataluña-España, por diferentes motivos, es sustituido eufemísticamente por unos debates ideológico-políticos (ideologías legalistas, ideología republicana, etc.) que siendo necesarios de hecho actualizan fantasías e imaginarios de conflictos preteridos (V. Volkan lo llama "ideologías de la reivindicación de derechos" [ii]), que refuerzan los vínculos de identificación con los respectivos grupos en conflicto (nacionales, reconocidos como sujeto político o no reconocidos, nacional-estatal y intra-nacionales).

Pero también, a menudo los malestares se ponen de manifiesto en la calle y en diferentes ámbitos sociales, estimulados e inducidos por las élites políticas (un dirigente del PP decía refiriéndose a los lazos amarillos: "si unos tienen derecho a ponerlos, los demás tienen derecho a sacarlos") y una gran mayoría de aparatos mediáticos, manejándolo con crispación, con el insulto y la violencia de diferentes intensidades, lejos del diálogo, la empatía, la tolerancia y la aceptación de la otro.

El aumento de la tensión que estamos viviendo actualmente (con claras estrategias para incrementarla, como por ej. lo hace Cs) sólo permite vislumbrar el enquistamiento del conflicto, y por tanto su repetición tarde o temprano, o el sometimiento por la fuerza del poder. Pero ni la imposición de la fuerza y ​​la humillación (cárceles, tribunales y legislaciones rígidas, bandas de provocadores, etc.) ni el repliegue en las fantasías e ilusiones ( "Somos República"; "están intentando hacer lo que hicieron hace siglos "; etc.) parece que puedan abrir caminos que posibiliten la elaboración profunda del conflicto, el respeto a la diferencia y el entendimiento entre los que se sienten catalanes y los que se sienten españoles (en Cataluña, y en España) grosso modo.

Sabemos sin embargo, que cuanta más presión se ejerce sobre un grupo grande en conflicto las personas que lo integran más se aferran a la identidad de este grupo.

Salvando las distancias de todo tipo, parece evidente que el conflicto actual Cataluña-España tiene en el conflicto identitario, construido transgeneracionalmente (J. Fontana habla de un "corriente poderoso y profundo" [iii]), claros paralelismos de fondo con lo que sucedió entre comunidades diversas en Irlanda del Norte o en Bosnia-Herzegovina, por poner algunos ejemplos.

La experiencia y los estudios de este tipo de conflictos nos enseñan los sufrimientos, traumas y dificultades que conlleva encontrar vías de solución compartidas y duraderas a los conflictos de los grupos grandes, cuando éstos se sienten vinculados por la memoria colectiva de traumas pasados no resueltos en la historia de estos grupos grandes o en la actualización más o menos reconstruida de los hechos del pasado en la fantasía.

Esta confrontación grupal Cataluña-España tiene que ver con factores desencadenantes del presente (las herencias de la transición del 78, la crisis de la representación democrática, los procesos globalizadores, etc.) pero es estimulada por unas dinámicas psicosociales profundas, arraigadas en las memorias colectivas, que son reactualizadas cuando los grupos traumatizados entran en unas dinámicas regresivas como consecuencia de lo que se ha vivido como un ataque.

Como decíamos más arriba, de nada sirve eludir o negar los conflictos identitarios como hacen ciertos opinadores en los medios y ciertos partidos políticos con el argumento de haber "superado" viejos debates identitarios gracias a un nuevo concepto idealizado y bien intencionado pero muy racionalizado (por ej. "el republicanismo ciudadano"), pues los sentimientos, las fantasías, los imaginarios de pertenencia y afectos vinculatoris que conforman las identidades son más potentes que las razones. Y esto, es tan válido para los que se sienten catalanes como para los que se sienten españoles (con todas las variantes posibles).

Hace falta, a unos y a otros, afrontar los problemas de cara, asumir las pérdidas y hacer los duelos necesarios que ayuden a reparar emocionalmente los traumas vividos, que en gran medida son traumas transgeneracionales, y a la vez poder abrir unos procesos que permitan reforzar la autoestima del propio grupo y la aceptación y reconocimiento del otro (u otros). Estos procesos deben ser trabajados esencialmente desde la sociedad civil entendiendo que son inseparables de la acción política y de las relaciones de poder que los mismos conflictos nutren.

No debemos confundir la construcción nacional (en el sentido de la/s posible/s identidad/es de un grupo grande) y el estado. Una república es un forma de estado, que puede amparar identidades múltiples y pertenencias diversas (como refería  A. Maalouf) y también, quizá con el paso del tiempo, reforzar la construcción de un grupo nacional a partir de la interacción reparadora de varias identidades que hoy son muy vivas en Cataluña, a pesar de que, hoy por hoy, esto no sea compartido por la totalidad de catalanes.

Las identidades colectivas son procesos dinámicos inter-relacionales construidas por los grupos grandes y al mismo tiempo estos se construyen a través de ellas.


Marcel Cirera                                                                     Agosto, 2018



[i] Muchos autores e investigadores han trabajado sobre esta cuestión entre otros, en el ámbito del psicoanálisis, Freud, Bion, Anzieu, Kaes, Volkan, Weinberg, Dalal, etc
[ii] V. Volkan. “Psicología de las sociedades en conflicto”. IG sl. 2013
[iii] "La continuidad de estos trescientos años de historia, no se puede entender si se olvida que, por debajo de los acontecimientos, y dando sentido a su trayectoria, circula una corriente poderosa y profunda de conciencia colectiva que nos ha permitido preservar la identidad y la lengua contra todos los intentos de negarlas. Una corriente que a veces puede parecer oculta, pero que sale a la luz cada vez que hay que enfrentarse a un obstáculo." J. Fontana. "España y Cataluña: trescientos años de historia". IEC. Des.2013




10 de julio de 2018

La violencia armada en América: un modelo de Tri-Vector


Jeffrey Taxman.
Resumen del articulo "La violencia armada en América: un modelo de Tri-Vector" publicado en International Journal of Applied Psychoanalytic Studies (23 de junio 2016)




Las armas de fuego han sido parte de la cultura de los Estados Unidos desde su nacimiento. La violencia armada, tanto heroica como horrible, también ha sido parte de la cultura estadounidense durante mucho tiempo. En los últimos 20 años, hemos visto un aumento de los intentos de fusilamiento masivo, llamado 'evento de tirador activo'. El autor presenta un modelo con el que comprender mejor las fuerzas que pueden generar violencia armada, particularmente los eventos de tiradores activos. Este modelo, llamado Modelo Tri-Vector, integra fuertes fuerzas de desarrollo, culturales y sociales, junto con la neurofisiología del desarrollo, para explicar lo que puede llevar a ciertas personas a creer que sus actos de violencia armada no solo son permisibles sino incluso heroicos.
"La pistola" tiene un lugar especial, casi exaltado, simbólicamente, en nuestra historia cultural y tradición nacional. Controla un rol e imagen importante en nuestra identidad nacional de grupos grandes. Esta imagen es en gran medida positiva, heroica y casi mágica. El arma de fuego es, de hecho, el único objeto específicamente nombrado y protegido en la Declaración de Derechos de EE. UU. (Constitución de los Estados Unidos - 2da. Enmienda) y ocupa un lugar central y heroico en siglos de historias, libros, películas y fantasías infantiles en los Estados Unidos. Al mismo tiempo, el arma puede ser un objeto de miedo y un símbolo de poder.
La violencia armada, tanto heroica como horrorosa, también ha sido parte de nuestra cultura desde la época de los colonizadores hasta la actualidad: Estados Unidos nació de la guerra y ha conquistado su tierra por la fuerza armada. Leemos relatos diarios de tiroteos desde vehículos en movimiento, robos mal hechos, y vemos una vida de imágenes televisadas de la carnicería de la guerra.
En los últimos 20 años, sin embargo, la violencia armada ha tomado una nueva forma: hemos visto la evolución, y la frecuencia cada vez mayor, de los intentos de fusilamientos masivos que parecen tener como objetivo principal la intención de dañar a tantas personas como sea posible. No se da importancia a los rasgos individuales de las víctimas; son víctimas simplemente porque estaban en ese lugar en ese momento.
El Buró Federal de Investigaciones (FBI) ha dedicado un grupo de trabajo a este fenómeno, que llama " un evento de tirador activo " (Blair, Martaindale y Nichols, 2014 ). Este fenómeno fue llevado por primera vez a nuestra conciencia nacional con el tiroteo de la escuela secundaria Columbine en 1999, y persiste en nuestra conciencia con el aumento de frecuencias de eventos horribles similares y el refuerzo de los medios.
La mayoría de los tiradores activos no están relacionados con sus víctimas y los disparos parecen ser al azar (Blair et al ., 2014) Esto lleva a muchos comentaristas a referirse a los eventos como "sin sentido" y al tirador como "trastornado", "psicótico" y "errático". Escuchamos los llamados polarizados para el control de armas o aumento de la posesión de armas, penas más severas para crímenes con armas de fuego y breves discusiones fuera de foco sobre la "reforma de salud mental". El público y los medios se enfocan en el tirador y la tragedia de las víctimas. Todos preguntan, con la brevedad de un ciclo de noticias, "¿Cómo podría alguien hacer esto?" Y "¿Qué podemos hacer para prevenirlo?" Al igual que con cualquier problema complejo, debemos comprender mejor el fenómeno en sí mismo antes de que podamos comenzar a responder estos preguntas
Para entender mejor las causas de tales eventos y posiblemente prevenirlos en el futuro, necesitamos tener un modelo que ayude a explicar cómo un individuo transforma un acto impensable: el aparente tiroteo en masa al azar de seres humanos que no tienen conexión directa con el perpetrador. en uno permisible, o incluso heroico. Este modelo considera las fuerzas fuertes y modeladoras (de desarrollo, culturales y sociales) que pueden afectar dicha transformación en individuos raros. Se propone un modelo Tri-Vector que consiste en tres vectores o fuerzas direccionales:
·        Vector 1 - Desarrollo: un vector de desarrollo interno derivado de los déficits de desarrollo, que puede predisponer a algunos individuos a las influencias direccionales de los otros dos vectores.
·        Vector 2 - Cultural: fuerzas de grupos grandes y traumas culturales pasados ​​que han sido internalizados transgeneracionalmente.
·        Vector 3 - Social: fuerzas sociales externas fuertes, penetrantes y directivas.
El modelo se basa y asume mucha teoría psicoanalítica tradicional como trasfondo. Se basa en gran medida en la síntesis de cuatro áreas modernas de pensamiento psicoanalítico: mentalización; transmisión transgeneracional de trauma elegido y glorias elegidas; el cuerpo de trabajo en los últimos 20 años sobre el acoso y la violencia escolar; y neurofisiología moderna. Estos elementos son fundamentales para comprender las condiciones necesarias que, en algunas personas extremadamente raras que en este artículo se llamarán el "tirador activo futuro", transforman "lo impensable" en algo percibido por ellos como no solo pensable, sino incluso heroico, o "Su deber". Este modelo presenta una etiología del desarrollo que podría dejar a algunas personas propensas a actuar de esa manera, así como las fuerzas sociales que, consciente e inconscientemente, fomentan, refinan y dirigen este comportamiento. Tal modelo permitirá una mejor comprensión del tirador activo en el futuro, así como también ofrecerá métodos de intervención para revertir la tasa creciente de estos incidentes. La elaboración futura de este modelo también puede arrojar luz sobre otras formas de violencia armada en los Estados Unidos y posiblemente formas de intervención antes de que ocurra la violencia.